Cuando se va el verano (2017)

Cuando se va el verano (2017)
Libro para jóvenes - Estación Mandioca Ediciones

Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

miércoles, 29 de febrero de 2012

Palabras de Delia

Sobre “Los poetas nocturnos”, novela de Beatriz Actis que obtuvo uno de los premios del Fondo Nacional de las Artes 2011 y que publicará este año Homo Sapiens Ediciones, escribió Delia Crochet, lectora crítica del original inédito y a quien está dedicado el libro:

“Una novela sobre el abandono... Tiene un cierre muy logrado con el monólogo (uno de esos momentos extraordinarios de la escritura, cuando tiene alas). Leerla es como tener un diamante entre los dedos y girarlo para examinar cada una de sus facetas. Creo que es la estética de la autora girar alrededor de ese núcleo de seres, la costa y el agua, y no trepidaría en volver a él si estuviera en su caso, cada vez que me convocara. Estaba pensando incluso en una saga... Es una novela pendular, va de la ciudad de Frontera al pueblo de Bleckman, va y viene. A veces más lejos, La Habana, Nueva York, París. Novela viajera.
El comienzo es una búsqueda no muy directa, sesgada, y a medida que la novela avanza la dimensión es otra, es la verdadera, la que las conversaciones y recuerdos de la primera parte retardan y a veces ocultan.
Otro aspecto que está también muy logrado son las preguntas, serias, profundas, que la protagonista se hace todo el tiempo en esa larga preparación para la escritura...”.

Los Diarios de Piglia

Ricardo Piglia

"Empecé a escribir un diario a fines de 1957 y todavía lo sigo escribiendo. Muchas cosas cambiaron desde entonces, pero me mantengo fiel a esa manía. Por supuesto, no hay nada más ridículo que la pretensión de registrar la propia vida. Uno se convierte automáticamente en un clown. Sin embargo, estoy convencido de que si no hubiera empezado una tarde a escribirlo jamás habría escrito otra cosa. Publiqué algunos libros -y publicaré quizás algunos más- sólo para justificar esa escritura. Por eso hablar de mí es hablar de ese Diario. Todo lo que soy está ahí pero no hay más que palabras. Cambios en mi letra manuscrita. A veces, cuando lo releo, me cuesta reconocer lo que he vivido. Hay episodios narrados ahí que he olvidado por completo. Existen en el Diario pero no en mis recuerdos. Y a la vez ciertos hechos que permanecen en mi memoria con la nitidez de una fotografía están ausentes como si nunca los hubiera vivido. Tengo la extraña sensación de haber vivido dos vidas. La que está escrita en los cuadernos y la que está fija en mis recuerdos. Son figuras, escenas, fragmentos de diálogos, restos perdidos que renacen cada vez. Nunca coinciden o coinciden en acontecimientos mínimos que se disuelven en la maraña de los días.
Al principio las cosas fueron difíciles. No tenía nada que contar, mi vida era absolutamente trivial. Me gustan mucho los primeros años de mi Diario justamente porque allí lucho con el vacío total. No pasaba nada, nunca pasa nada en realidad pero en aquel tiempo me preocupaba. Era muy ingenuo, estaba todo el tiempo buscando aventuras extraordinarias. Entonces empecé a robarle la experiencia a la gente conocida, las historias que yo me imaginaba que vivían cuando no estaban conmigo. Escribía muy bien en esa época, dicho sea de paso, mucho mejor que ahora. Tenía una convicción absoluta y el estilo no es otra cosa que la convicción absoluta de tener un estilo.
No hay secretos, sería ridículo pensar que hay secretos, por eso voy a dar a conocer páginas de mi Diario...".

martes, 28 de febrero de 2012

lunes, 27 de febrero de 2012

De Leopoldo Panero

20.000 Leguas de viaje submarino

Como un hilo o aguja que casi no se siente
como un débil cristal herido por el fuego
como un lago en que ahora es dulce sumergirse
oh esta paz que de pronto cruza mis dientes
este abrazo de las profundidades
luz lejana que me llega a través de la inmensa lonja de
la catedral desierta
quién pudiera quebrar estos barrotes como espigas
dejadme descansar en este silencioso rostro que nada
exige
dejadme esperar el iceberg que cruza callado el mar sin
luna
dejad que mi beso resbale sobre su cuerpo helado
cuando alcance la orilla en que sólo la espera es posible
oh dejadme besar este humo que se deshace
este mundo que me acoge sin preguntarme nada este
mundo de titíes disecados
morir en brazos de la niebla
morir sí, aquí, donde todo es nieve o silencio
que mi pecho ardiente expire tras de un beso a lo que
es sólo aire
más allá el viento es una guitarra poderosa pero él no
nos llama
dejadme entonces besar este astro apagado traspasar el
espejo y llegar así adonde ni siquiera el suspiro es
posible
donde sólo unos labios inmóviles
ya no dicen o sueñan
y recorrer así este inmenso Museo de Cera deteniéndome
por ejemplo en las plumas recién nacidas
o en el instante en que la luz deslumbra a la crisálida
y algo más tarde la luna y los susurros
y examinar después los labios que fulgen
cuando dos cuerpos se unen formando una estrella
y cerrar por fin los ojos cuando la mariposa próxima a
caer sobre la
tierra sorda quiere en vano volver sus alas hacia lo verde
que ahora la desconoce
Comentario de Roberto Malatesta sobre el libro de poesía “Sin cuerpo no habrá crimen”, de Beatriz Actis (Alción Editora, Córdoba, 2004)

La voz de Beatriz Actis es una voz cargada de significaciones. Lo que de inmediato noté al leer los primeros poemas es: té de naranja – dátiles – sabor – sensación - boca: urna roja – es decir un lenguaje que arrojaba elementos sensuales y los exponía en la página por encima de qué dice cada poema. Señales vivas que en la lectura perduran como “otra” lectura, subliminal acaso, más alta que la lectura superficial, la lectura de corrido. “A esta hora es un color solitario el río”: ni el río que es movimiento, ni el río que es una vida, ni el río que es ese famoso lugar común puente que une”; el río es un color solitario, precisión en la imagen que nos detiene, casi como nos dice cómo es que tenemos que continuar con la lectura para no, diría, disgregar ese líquido color qu se detiene ante el ojo lector – contemplación del poema. Y luego avanza el decir: “Veo correr el agua”, pero el dato de movimiento sólo es un dato de la realidad, el poema sigue diciendo que el río es un color solitario, pues el río corre, es cierto, pero para la persona que lo ve ya con los ojos del poema todo se ha detenido, tanto como esa luna lívida y al fin la salpicadura del pez que se zambulle y nos afecta, y nos conmueve, como un hecho reciente y reincidente, pues se trata de un pez vivo. Machado nos decía que era propiedad del poeta pescar, pero peces que sigan viviendo.
La sensualidad de la parte I, Cuerpo, a la que me estaba refiriendo, pasa a ser en II, Crimen, así su nombre, la voz de la poeta tomada por el tedio, tedio entiendo, no del que no sabe qué hacer sino del que no le alcanza el qué hacer; tedio del inconformista que si escoge un libro de Norah Lange se queja de que así nunca escribirá un verso moderno, pero lo escribe: “El efecto de tu cuerpo en el mío / es un nudo de ahorcado en la garganta…”. Ya el crimen es perfecto, o no, puesto que “la insatisfacción siempre es mi patria” y la patria es insatisfacción, agregaría, ya que en la tercera parte: Prisión, se lee: “A veces odio Madrid / porque me recuerda a Buenos Aires”. La memoria, el recuerdo siempre es presente, puesto que la poesía tiene ese poder hacer presente la memoria, decir hoy donde se dice ayer, entonces recuerda, o mejor: evoca, y quizás allí esté el ritmo del poemario, al menos de la parte III, la más extensa, el que evoca trae el ayer al hoy del poema, tanto que lo revive. El ayer, lugares dispersos desde París a San Marcos Sierra, se hace presente en una quinta en Sauce. El ritmo que conduce los versos es ese lento y denso decir del que evoca. A los viajes se une el cine, sin duda una pasión de la autora, y el cine surge como un viaje, los viajes como una película sumamente vívida: el ritmo de la evocación como un sueño poderosamente real, dice Beatriz: “Pienso / que en los sueños / no hay donde esconderse”. ¿Dónde esconderse en una cárcel? Cárcel es el título de la parte III, no hay dónde esconderse, y así sigue transitando esta poesía.
Ya en la parte IV un gallo entra en / a la hora del poema; otra vez se percibe la misma sensación del inicio: tiempo que se detiene en el poema, luego de largos viajes, nuevamente la impresión de que todo se detiene a suceder en el poema. Desde la evocación, ahora el viaje sigue pero el mundo se reduce a un mínimo de dimensiones, el mundo interior ahora no tiene mayores referencias externas, de la evocación a la confidencia. Dice esta poesía sus verdades de mayor raigambre cerca de la culminación del libro, duras sí, ¿y quién dice que la verdad sea doméstica? Dice en uno de los poemas finales: “Resulta/ como si lo demás quedara siempre / en el pasado, / más todavía: / como si nunca hubiese acontecido”.
Lo que sí sabemos luego de haber leído “Sin cuerpo no habrá crimen” que mucho ha acontecido y acontece en el cuerpo del poema, palabras rescatadas de la memoria, puestas a brillar con su opaca luz, que es la luz no del deslumbramiento sino la incitante luz, la fidedigna luz de la poesía.

(Fragmento del texto leído en la presentación del libro en Santa Fe. Diario "El Litoral")

sábado, 25 de febrero de 2012

Borges

Manuscrito hallado en un libro de Joseph Conrad

En las trémulas tierras que exhalan el verano,
El día es invisible de puro blanco. El día
Es una estría cruel en la celosía,
Un fulgor en las costas y una fiebre en el llano.

Pero la antigua noche es honda como un jarro
De agua cóncava. El agua se abre a infinitas huellas,
Y en ociosas canoas, de cara a las estrellas,
El hombre mide el vago tiempo con el cigarro.

El humo desdibuja gris las constelaciones
Remotas. Lo inmediato pierde prehistoria y nombre.
El mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones.
El río, el primer río. El hombre, el primer hombre.

Jorge Luis Borges
Luna de enfrente (1925)

viernes, 24 de febrero de 2012

La invitación, Jürg Schubiger

Verano en el jardín. Bajo el peral, chispeantes insectos. Ellos zumbaban; yo canturreaba con ellos. Estaba sujetando una malva a un bastón, quitando malas hierbas, haciendo esto y lo otro, entre una cosa y otra, nada.
Entonces me habló una abeja:
- Hoy se casa nuestra reina - dijo - . Mi pueblo y yo necesitamos un padrino.
Te hemos elegido a ti.
Me quité la tierra seca de los dedos.
- Gracias - dije - ¿Qué debo ponerme?
- Alas - dijo la abeja.

martes, 14 de febrero de 2012

Lisboa vacila

"Toda esta ciudad es despedida. Borde de Europa, última orilla del primer mundo, allí donde el enfermizo continente se hunde despacio en el mar y se derrama hacia la gran niebla a la que se parece hoy el océano. Esta ciudad no pertenece al presente, aquí es más temprano porque es más tarde. El ahora no ha empezado todavía, Lisboa vacila. Ésta tiene que ser la palabra; esta ciudad demora la despedida, aquí se despide Europa de sí misma...".

Cees Nooteboom

domingo, 12 de febrero de 2012

TALLER LITERARIO 2012

En el mes de marzo comenzarán los TALLERES DE LECTURA Y ESCRITURA 2012.
Los días lunes, de 19 a 20.30, se llevarán a cabo los Talleres sobre Literatura para Niños (pero los destinatarios del Taller son ADULTOS).
Los martes, de 18.30 a 20.30, se llevarán a cabo los Talleres centrados en Literatura para Adultos.
Ambos se realizarán en: Urquiza 1091 - 1ro. B.
Inicio del Taller de Literatura para Niños: Lunes 5 de marzo.
Inicio del Taller de Literatura para Adultos: Martes 6 de marzo.
En Entradas Antiguas pueden leerse textos escritos por los miembros del Taller.
Consultas: beatrizactis@hotmail.com

miércoles, 8 de febrero de 2012

Eugenio Montale

Viento sobre la media luna
Eugenio Montale

El gran puente no llevaba hacia ti.
Te habría alcanzado hasta navegando
en las cloacas, a una orden tuya.
Pero ya las fuerzas, con el sol en los cristales
de los miradores, se iban agotando.
El hombre que predicaba bajo la Media Luna
me preguntó: "¿Sabes dónde está Dios?" Lo sabía
y se lo dije. Movió la cabeza. Desapareció
en un torbellino que arrastró a hombres y casas
y los alzó, muy altos, sobre la oscuridad.

Edimburgo