Cuando se va el verano (2017)

Cuando se va el verano (2017)
Libro para jóvenes - Estación Mandioca Ediciones

Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

jueves, 21 de marzo de 2019

TALLER: Escribir literatura para niños


TALLER LITERARIO dedicado a ADULTOS que quieren escribir LITERATURA INFANTIL. Comienza en ROSARIO el jueves 25 de abril, de 18.30 a 20. Hay también una opción virtual. A quienes les interese, pueden comunicarse por el blog o por mail: beatrizactis@hotmail.com 

lunes, 18 de marzo de 2019

Tres poemas de Carver

Esta habitación
Esta habitación, por ejemplo:
¿es eso un coche sin conductor
que espera abajo?
Promesas, promesas,
no hacerlas
por mi bien.
Recuerdo sombrillas,
una explanada junto al mar,
aquellas flores…
¿Debo quedarme siempre detrás,
escuchando, fumando,
tomando notas rápidas a distancia?
Enciendo un cigarrillo
y corro la cortina.
Hay un ruido en la calle
cada vez más tenue, más tenue.
Forever
A la deriva en una nube de humo,
sigo la raya que en el suelo del jardín deja un caracol
hasta el muro de piedra.
Solamente al final me acuclillo, veo
lo que hay que hacer y, de repente,
me adhiero a la piedra húmeda.
Empiezo a mirar lentamente alrededor
y a escuchar, utilizando para ello
mi cuerpo entero como el caracol
utiliza el suyo, relajado, pero alerta.
¡Atención! Esta noche es un hito
en mi vida. Después de esta noche,
¿cómo podré volver a mi
vida anterior? Mantengo los ojos fijos
en las estrellas, les hago señales
con mis antenas. Me sujeto bien
durante horas, descansando sin más.
Más tarde, la pena comienza
a gotear en mi corazón.
Recuerdo que mi padre está muerto,
y que me voy a ir pronto
de esta ciudad. Para siempre.
Adiós, hijo, dice mi padre.
Casi al amanecer, bajo
y vuelvo errabundo a casa.
Todavía están esperándome,
el espanto aletea en sus rostros
cuando se encuentran con mis nuevos ojos por primera vez.
Miedo
Miedo a ver un coche de la policía acercarse a mi puerta.
Miedo a dormirme por la noche.
Miedo a no dormirme.
Miedo al pasado resucitando.
Miedo al presente echando a volar.
Miedo al teléfono que suena en la quietud de la noche.
Miedo a las tormentas eléctricas.
¡Miedo a la limpiadora que tiene una mancha en la mejilla!
Miedo a los perros que me han dicho que no muerden.
Miedo a la ansiedad.
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo a quedarme sin dinero.
Miedo a tener demasiado, aunque la gente no creerá esto.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y miedo a llegar antes que nadie.
Miedo a la letra de mis hijos en los sobres.
Miedo a que mueran antes que yo y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre cuando ella sea vieja, y yo también.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día acabe con una nota infeliz.
Miedo a llegar y encontrarme con que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar lo suficiente.
Miedo de que lo que yo amo resulte letal para los que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado.
Miedo a la muerte.
                                                                     Raymond Carver


sábado, 9 de marzo de 2019

viernes, 1 de marzo de 2019

Viejos poemas de amor (III)


Cierro los ojos 

“Basta. No es insistir mirar el brillo largo de tus ojos”.  Vicente Aleixandre



nada me hará feliz
todo retorna y se va
desvaneciendo
lentamente
en un silencio
húmedo y antiguo
como la nave
de una iglesia

ayer atravesamos
el campo a oscuras
al llegar
acomodé mis flores
en una coctelera
parecen transparentes
a lo lejos
las flores amarillas

pasa un pájaro
vuela al ras
me asomo a la ventana
al aire gris

ahora
campanas
cruzan el aire

su cara en el momento del amor
es una cara de abismo
un náufrago
ardor

cierro los ojos
veo otra vez
aquel instante
en que se va perdiendo
de a poco
la conciencia
y sólo nos quedan los sentidos
una pierna que cruza
encima de la otra
el último abrazo
la respiración más acompasada
o más lenta

la curva de su cuello
como el límite del mundo

*

Lo último que quisiera
es que cargaras con mi melancolía

Hubo una vez
en que el amor
sacaba a la fiera
que hay en mí

y yo pensaba
que destrozaría el mundo

pero eso fue hace un siglo
ahora cierro los ojos
y espero la luz
de la mañana siguiente

*

Es de noche y escribo estas respuestas 
            
mientras me da por esperar como una devota

(pagana)

que esté siempre alerta tu voz

del otro lado del teléfono
                                                                                                Beatriz Actis 




miércoles, 27 de febrero de 2019

Viejos poemas de amor (II)


Furiosa estrella
“En el oeste arde una furiosa estrella”. Wallace Stevens


me tenías abrazada por la espalda
y me besabas lentamente
el cuello, los hombros

esos minutos fueron la totalidad del tiempo
y el cuarto en donde estábamos
dejó de ser un punto nimio en el frío universo
y fue simplemente el mundo

y en ese momento supe todo

supe por qué hacés ese gesto
de llevarte la mano a la boca
cuando parece que estás enojado

y cómo fue tu infancia

y cómo eran los libros
de la biblioteca
de la casa
de tu tía abuela

y cómo fue que te sentiste
cuando te desilusionaste
por primera vez

Y supe cómo es tu nombre
pronunciado por los otros

y cómo serás dentro de veinte años

y cómo hubiéramos sido vos y yo
de habernos conocido a los diecisiete

y qué estabas haciendo
en todos estos años
mientras yo hacía todas
esas cosas que vos ni siquiera deseaste

y qué vas a seguir haciendo
cuando nos separemos
pero la vida siga

Supe por qué estoy con vos

Y supe hasta cuándo.

                                                                  Beatriz Actis 




lunes, 18 de febrero de 2019

Viejos poemas de amor


Él me habla
ahora
sobre las estrellas
Sobre cómo se ven de límpidas
o de cercanas
cuando todo alrededor es oscuridad
Y ese lento extrañar
a pesar de su voz en el medio de la noche
la transforma
en un mar ennegrecido,
en que sus manos vuelven
como olas

  el brillo inadvertido de estrellas de llanura
  sin embargo
  nunca llegará hasta aquí, 
  a esta sola ciudad

es el instante en que los viejos amores reaparecen
y la tenue luz del norte
no es más que una amenaza que no corre riesgo de cumplirse


                                                                                                                       Beatriz Actis 

miércoles, 6 de febrero de 2019

Mi abuelo. Semblanza para Centro Socialista


Sobre Juan L. Actis Grande
                                                                                             Por Beatriz Actis 


  En la memoria de infancia, la pequeña ciudad de llanura y el pasado familiar se entremezclan y permiten volver a pensar en los orígenes, en ciertas tradiciones de las que somos deudores. La oportunidad que me brinda el Centro Socialista de Sunchales, en su centenario, de indagar en la biografía de mi abuelo, Juan Lorenzo Actis Grande, opera en ese sentido.
  De Don Juan tengo el recuerdo de su imagen pública, con sombrero y sobretodo negros, cubriendo acontecimientos variados para la revista de SanCor y para La Opinión de Rafaela, y la imagen privada, en su casa de Sunchales, muy cercana a la mía, leyendo y escribiendo a máquina, rodeado de papeles, entre los que siempre sobresalía algún ejemplar de La vanguardia.
  Hoy, tantos años después, descubro datos que desconocía, por ejemplo, que durante su juventud dirigió en Rafaela los periódicos El trabajo y Simiente o que fue, en reiteradas oportunidades, candidato a concejal y a diputado provincial por el Socialismo.
  Si se me permite un último comentario autorreferencial, diré que a la emoción de reconstruir la juventud de mi abuelo se suma el reconocer cómo sus elecciones y sus actos han influido en las vocaciones profesionales y cívicas de nuestra familia.
Más allá de lo personal, a través de esta indagación en las diversas y comprometidas actividades comunitarias de Don Juan, es importante descubrir las marcas de la actividad política, social y cultural de la zona durante las primeras décadas del siglo pasado.



Alicia Moreau de Justo (oradora) entre integrantes del Centro Socialista de Sunchales. Mi abuelo Juan, segundo desde la derecha (23 de septiembre de 1956)