Cuando se va el verano (2017)

Cuando se va el verano (2017)
Libro para jóvenes - Estación Mandioca Ediciones

Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

lunes, 31 de diciembre de 2012

Poema / Cortázar


HAPPY NEW YEAR

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

lunes, 24 de diciembre de 2012

domingo, 23 de diciembre de 2012

Sylvia Plath: Póstumo


Ovejas en la niebla

Las colinas se asientan dentro de la blancura.
Gente o estrellas

Me miran tristemente; yo me desilusiono de ellas.
¡Oh! Lento
Caballo del color del orín,
Toda la mañana
La mañana ha estado ennegreciendo

Mis huesos asen una quietud, los lejanos
Campos funden mi corazón.

Con arrojarme a un cielo
Sin estrellas y sin padre, una oscura agua.

El tren deja una línea de hálito. 
Hooves, dolorosas campanas —
Una flor olvidada.
Ellos me amenazan


* Otra traducción, es decir, otro poema:

Las colinas ponen  en la blancura. 
Alguien, o , me mira con tristeza: los estoy defraudando. 

El tren deja un trazo de aliento. 
Oh, demorado caballo del color de la herrumbre, 
cascos, campanas dolorosas... 
La mañana se pasó la mañana oscureciéndose; 
flor suprimida. 

Los huesos se me apropian de una quietud, lejanos 
campos me funden el corazón. 

Amenazan con llevarme hasta un cielo, 
sin estrellas, ni padre: agua lóbrega. 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Experimentos con la verdad

Paul Auster, en Experimentos con la verdad:
En el proceso de escribir o pensar sobre uno mismo, uno se convierte en otro

jueves, 20 de diciembre de 2012

Ser escritor


LITERATURA Y FELICIDAD, por Abelardo Castillo


La literatura está cargada de fatalidad y de tristeza. ¿Por qué? La vida no es siempre fea. Lo que pasa es que, en el fondo, la literatura es un conjuro contra la infelicidad y la desdicha. La gente quiere ser feliz. Pero la felicidad no hay que escribirla: hay que vivirla. O por lo menos intentar vivirla. En la literatura se pone el deseo, la nostalgia, la ausencia, lo que se ha perdido o no se quiere perder. Por eso es tan difícil escribir una buena historia feliz. La historia de amor más hermosa que se ha escrito es 'Romeo y Julieta'. Pero es una catástrofe. Ella tiene catorce años y él dieciocho, y terminan suicidándose. Qué linda historia de amor. Uno confunde la felicidad con las felicidades, con ciertos momentos transitorios de dicha o alegría. La felicidad absoluta no existe, y se escribe, justamente, porque la felicidad no existe. Existen pequeños instantes de felicidad, o alegrías fugaces, que, si se consigue perfeccionarlos en la memoria, pueden ayudar a vivir durante muchísimos años. La literatura también es un intento de eternizar esos momentos.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Sobre Faulkner y Hemingway

Por Gabriel García Márquez:  No sé quién dijo que los novelistas leemos las novelas de los otros sólo para averiguar cómo están escritas. Creo que es cierto. No nos conformamos con los secretos expuestos en el frente de la página sino que la volteamos al revés, para descifrar las costuras. De algún modo imposible de explicar desarmamos el libro en sus piezas esenciales y lo volvemos a armar cuando ya conocemos los misterios de su relojería personal. Esa tentativa es descorazonadora en los libros de Faulkner, porque éste no parecía tener un sistema orgánico para escribir sino que andaba a ciegas por su universo bíblico como un tropel de cabras sueltas en una cristalería. Cuando se logra desmontar una página suya, uno tiene la impresión de que le sobran resortes y tornillos y que será imposible devolverla otra vez a su estado original. Hemingway, en cambio, con menos inspiración, con menos pasión y menos locura, pero con un rigor lúcido, dejaba sus tornillos a la vista por el lado de fuera, como en los vagones de ferrocarril. Tal vez por eso Faulkner es un escritor que tuvo mucho que ver con mi alma, pero Hemingway es el que más ha tenido que ver con mi oficio.