Cuando se va el verano (2017)

Cuando se va el verano (2017)
Libro para jóvenes - Estación Mandioca Ediciones

Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

domingo, 18 de marzo de 2018

Lo que costó que me llamaran Micaela

Lo que costó que me llamaran Micaela
Beatriz Actis


  Me acuerdo bien de la mañana en que el campito empezó a desaparecer.  Cómo no acordarme. Nos levantamos y vimos a unos hombres sacando malezas y a otro con una máquina que de a ratos parecía que removía la tierra y de a ratos la aplastaba, y siempre hacía un ruido infernal. Es una motoniveladora, dijo Javier. Javier es mi hermano. El campito era nuestra cancha de fútbol. Yo a veces le decía “el campito” y mi hermano y sus amigos siempre le decían “la canchita”.
  A mí me gustaba el fútbol, pero no solo mirar. Los chicos a veces me dejaban jugar con ellos, a veces no me dejaban. Cuando finalmente jugaba, ¡se pegaban un susto! Yo era buena en la gambeta. Pero una vez le hice un caño al Chelo y él se enojó porque los otros chicos lo cargaban y ahí no me invitaron a jugar durante no sé cuántos partidos. Después se les pasó.
   Cuando me daban un buen pase, metía goles (lo que pasaba es que a veces no me daban los pases). “Javiera” me decían, para hacerme rabiar, como si solamente fuera la hermana de Javier y ni nombre propio tuviera. “Micaela”, les decía yo. “Me llamo Mi-ca-e-la”, y se los separaba bien y lo decía en voz alta pero despacio para que entiendan. Una sola vez el Chelo y Fabián y hasta mi hermano gritaron gol y me abrazaron y no se pusieron celosos; fue cuando la metí en el ángulo en un partido contra los del otro lado de la vía. Ganamos gracias a ese gol.
    Después tuvimos que buscarnos otro campito,  más lejos,  demasiado  cerca  del  río; las
zonas bajas no eran buenas porque el río crecía o había mucha lluvia que no desagotaba y se inundaban. Igual, ahí hicimos la nueva canchita porque otro lugar despejado y sin dueño que reclamara o vecinos que se quejaran, no había. Pero el otro, ese sí parecía una cancha de verdad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario