Cuentos

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"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

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"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

lunes, 27 de febrero de 2012

Comentario de Roberto Malatesta sobre el libro de poesía “Sin cuerpo no habrá crimen”, de Beatriz Actis (Alción Editora, Córdoba, 2004)

La voz de Beatriz Actis es una voz cargada de significaciones. Lo que de inmediato noté al leer los primeros poemas es: té de naranja – dátiles – sabor – sensación - boca: urna roja – es decir un lenguaje que arrojaba elementos sensuales y los exponía en la página por encima de qué dice cada poema. Señales vivas que en la lectura perduran como “otra” lectura, subliminal acaso, más alta que la lectura superficial, la lectura de corrido. “A esta hora es un color solitario el río”: ni el río que es movimiento, ni el río que es una vida, ni el río que es ese famoso lugar común puente que une”; el río es un color solitario, precisión en la imagen que nos detiene, casi como nos dice cómo es que tenemos que continuar con la lectura para no, diría, disgregar ese líquido color qu se detiene ante el ojo lector – contemplación del poema. Y luego avanza el decir: “Veo correr el agua”, pero el dato de movimiento sólo es un dato de la realidad, el poema sigue diciendo que el río es un color solitario, pues el río corre, es cierto, pero para la persona que lo ve ya con los ojos del poema todo se ha detenido, tanto como esa luna lívida y al fin la salpicadura del pez que se zambulle y nos afecta, y nos conmueve, como un hecho reciente y reincidente, pues se trata de un pez vivo. Machado nos decía que era propiedad del poeta pescar, pero peces que sigan viviendo.
La sensualidad de la parte I, Cuerpo, a la que me estaba refiriendo, pasa a ser en II, Crimen, así su nombre, la voz de la poeta tomada por el tedio, tedio entiendo, no del que no sabe qué hacer sino del que no le alcanza el qué hacer; tedio del inconformista que si escoge un libro de Norah Lange se queja de que así nunca escribirá un verso moderno, pero lo escribe: “El efecto de tu cuerpo en el mío / es un nudo de ahorcado en la garganta…”. Ya el crimen es perfecto, o no, puesto que “la insatisfacción siempre es mi patria” y la patria es insatisfacción, agregaría, ya que en la tercera parte: Prisión, se lee: “A veces odio Madrid / porque me recuerda a Buenos Aires”. La memoria, el recuerdo siempre es presente, puesto que la poesía tiene ese poder hacer presente la memoria, decir hoy donde se dice ayer, entonces recuerda, o mejor: evoca, y quizás allí esté el ritmo del poemario, al menos de la parte III, la más extensa, el que evoca trae el ayer al hoy del poema, tanto que lo revive. El ayer, lugares dispersos desde París a San Marcos Sierra, se hace presente en una quinta en Sauce. El ritmo que conduce los versos es ese lento y denso decir del que evoca. A los viajes se une el cine, sin duda una pasión de la autora, y el cine surge como un viaje, los viajes como una película sumamente vívida: el ritmo de la evocación como un sueño poderosamente real, dice Beatriz: “Pienso / que en los sueños / no hay donde esconderse”. ¿Dónde esconderse en una cárcel? Cárcel es el título de la parte III, no hay dónde esconderse, y así sigue transitando esta poesía.
Ya en la parte IV un gallo entra en / a la hora del poema; otra vez se percibe la misma sensación del inicio: tiempo que se detiene en el poema, luego de largos viajes, nuevamente la impresión de que todo se detiene a suceder en el poema. Desde la evocación, ahora el viaje sigue pero el mundo se reduce a un mínimo de dimensiones, el mundo interior ahora no tiene mayores referencias externas, de la evocación a la confidencia. Dice esta poesía sus verdades de mayor raigambre cerca de la culminación del libro, duras sí, ¿y quién dice que la verdad sea doméstica? Dice en uno de los poemas finales: “Resulta/ como si lo demás quedara siempre / en el pasado, / más todavía: / como si nunca hubiese acontecido”.
Lo que sí sabemos luego de haber leído “Sin cuerpo no habrá crimen” que mucho ha acontecido y acontece en el cuerpo del poema, palabras rescatadas de la memoria, puestas a brillar con su opaca luz, que es la luz no del deslumbramiento sino la incitante luz, la fidedigna luz de la poesía.

(Fragmento del texto leído en la presentación del libro en Santa Fe. Diario "El Litoral")

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