Cuando se va el verano (2017)

Cuando se va el verano (2017)
Libro para jóvenes - Estación Mandioca Ediciones

Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

martes, 25 de septiembre de 2012

Diario de viaje
Calles, plazas, parques: de cara al sol
(Contratapa de "Rosario 12",  25/9/2012)

Calles abiertas y mercados de pulgas

  Son buenas las ciudades de domingo. La Sexta Avenida, en Manhattan, se transforma en una feria callejera, multiétnica. Es que hay momentos en que el centro de las grandes ciudades deja paso a cierto “espíritu de periferia”, momentos en que se puede caminar, por ejemplo, por la 3ra. Avenida o por las cercanías de la Universidad de Columbia, también en la isla, y los negocios y bares usuales pasan desapercibidos porque en la calle –no en las veredas- conviven puestos que ofrecen objetos de segunda mano, comidas y artesanías de origen diverso (al lado de un puesto de maíz asado atendido por  latinoamericanos, una mujer africana vende adornos típicos de Kenia).
  Y la gente que no suele circular por esas zonas sí lo hace entonces, apropiándose de modo temporario de un escenario urbano que habitualmente la excluye.

Un ritual de primavera

  Riverside Park, al noroeste de la isla de Manhattan, es un angosto recreo verde, de unos cien a doscientos metros de ancho por unos seis kilómetros de largo, al lado del río Hudson. Los planos de este parque fueron diseñados a fines del siglo XIX por  Frederick law Olmsted, quien también proyectó otros dos grandes paseos públicos neoyorquinos: el famoso Central Park, también en Manhattan, y Prospect Park, en Brooklyn.
 Es en Brooklyn en donde se levanta el Jardín Botánico, una de cuyas zonas más pintorescas y representativas es el Jardín Japonés. Cada año, entre abril y mayo, se festeja allí el “Hanami”, un festival de un mes de duración en honor al florecimiento de los cerezos, es decir, un ritual de primavera que culmina con una celebración de un fin de semana llamada “Sakura Matsuri”.
  Hay en el  Botánico de Brooklyn más de doscientos cerezos, que sobrevivieron a la donación inicial de dos mil árboles hecha por el gobierno de Japón después de la Primera Guerra Mundial, y en su mayoría están agrupados en Cherry Walk, El Paseo de los Cerezos. En el interior del Jardín, entre colinas, pueden visitarse el pequeño lago con una isla y una cascada, junto a sus puentes de madera y sus miradores, tras atravesar el arco de entrada (torii ) que lleva al santuario Shinto.
   Las numerosas y variadas especies de cerezos florecen en primavera pero en días levemente distintos; por eso, Internet oficia en este caso como una suerte de brújula para orientarnos ante la naturaleza: en la página web del Botánico puede seguirse on line esa secuencia de floraciones a través del denominado “Reloj de la cereza”.

Plazas, parques

  Domingo de otoño a la hora de la siesta –litoraleña- pero en el Village, sentados en un banco bajo el sol, es decir, momentánea y felizmente alejados del frío en el centro de Washington Square, cerca de la réplica del Arco del Triunfo y frente a la Universidad de Nueva York, que ocupa varias manzanas en torno de la plaza. Las calles arboladas de Greenwich Village (que le dan un aire casi pueblerino a sólo cuadras del vértigo del Midtown, el pleno centro de Manhattan con sus rascacielos emblemáticos), junto a los teatros off Broadway y los famosos clubes de jazz, hacen de este barrio del bajo Manhattan -delimitado por el río Hudson y las calles Broadway, Houston y 14- una posibilidad entrañable de caminata urbana.Los pasos actuales conviven con ecos de las leyendas de la bohemia neoyorquina, de la época en que allí residían el joven Dylan, John Dos Passos, Edward Hopper, varios miembros de la generación beat (en una esquina de la calle Bleecker se situaba el San Remo Bar, lugar de reunión de Burroughs, Ginsberg, Corso, Kerouac) y de los clubes nocturnos surgían voces y acordes como los de Joan Baez, Jimi Hendrix, James Taylor o Nina Simone.

  En la plaza conviven, en domingo, un grupo que toca jazz, jóvenes que bailan espontáneamente al lado de la banda, un pianista que va llevando su instrumento sobre ruedas a diversos lugares de la explanada, vendedores de hot dog, un equipo que filma una publicidad, joven modelo cool de la citada publicidad, reportera y camarógrafo que realizan encuestas para la televisión, niños que corren a ardillas entre los árboles, hombres y mujeres practicando desde tai chi hasta hula hula.
  Se dice que Bob Dylan cantaba, en los tiempos míticos del barrio, junto a la fuente de Washington Square.

domingo, 16 de septiembre de 2012


Diario LA CAPITAL - Suplemento "Señales" - 16/9/2012

El camino al padre

(Por Julieta Tonello).  En "Los poetas nocturnos", Beatriz Actis relata la historia de una mujer que emprende un viaje en busca de su pasado. Una novela premiada por el Fondo Nacional de las Artes.

NOVELA "Los poetas nocturnos"
de Beatriz Actis. Homo Sapiens, Rosario, 2012, 136 páginas.


 Autora de una prolífica producción literaria que comprende distintos géneros, Beatriz Actis (Sunchales, 1961) se aboca en esta ocasión a la novela dando vida a Los poetas nocturnos, obra premiada en el concurso del Fondo Nacional de las Artes 2011.

 Delia Crochet, escritora a quien está dedicado el libro, indicó respecto de su temática: "Es una novela pendular, va de la ciudad de Frontera al pueblo de Bleckman, va y viene. A veces más lejos, La Habana, Nueva York, París. Novela viajera. El comienzo es una búsqueda no muy directa, sesgada, y a medida que la novela avanza la dimensión es otra, es la verdadera, la que las conversaciones y recuerdos de la primera parte retardan y a veces ocultan". No es la primera vez que Actis adopta al viaje como motivo de su obra. Tanto en Viajeros extraviados (2000) como en Cruces cierran los campos (2006) y Los años fugitivos (2012) se observa una escritura marcada por el paisaje ribereño y el movimiento geográfico como metáfora de la búsqueda interior de los personajes.
 En breves capítulos, Los poetas nocturnos desglosa la historia de Amelia, mujer de carácter apático y más bien sombrío que asume la voz narrativa del relato. La descripción del viaje se construye a partir de su punto de vista, y al avanzar en la lectura queda claro que se trata de una mirada signada por una pulsión rememorante y un constante estado de añoranza. "Fue entonces cuando pude contemplar desde afuera mi estado de melancolía, y me di cuenta de que veo en todo lo demás mi propia muerte", apunta Amelia.
Si bien las primeras páginas de la novela parecen anunciar un argumento centrado en el deambular del personaje por distintos territorios, pronto el texto se desvía en otras direcciones. Paralelamente al viaje que inicia en busca de respuestas acerca de su padre, Amelia va internándose de manera gradual en un sendero que conduce al pasado —al suyo, al de su padre, al del pueblo que visita—. El viaje adquiere, entonces, una dimensión más profunda, erigiéndose como reencuentro con su propia genealogía, pero también como salvación. Así lo expresa la protagonista: "Pienso con inocencia que remontar el río desde la ciudad de Frontera hasta el pueblo costero de Bleckman podrá darle algún sentido a mi vida, rescatarme de la desazón".
 Sobre el corazón del relato, el desplazamiento geográfico como forma de exploración de su historia es reemplazado por la escritura. Es así que Amelia "(...) escribe para inventar una identidad, una tradición, o al menos, para completar con sentido lo que el hermano del padre no dijo, y tal vez también para que algún pasado un poco mítico adorne verdades más prosaicas, traiciones y hastíos pueblerinos". La protagonista inicia la escritura de un diario en el que se intercalan recreaciones de voces de otros tiempos, preguntas sobre su historia personal y reconstrucciones imaginarias de episodios remotos. El de la escritura se convierte, entonces, en el espacio que el personaje elige para pensarse, revisar su pasado y narrar una experiencia vital ligada a sus orígenes.
 La figura del padre ausente es otro de los tópicos en torno al cual gira el relato. En efecto, toda la novela se construye alrededor de la búsqueda de este padre que ejerce un fuerte dominio sobre el personaje principal a través de su omnipresencia, que es al mismo tiempo una ausencia. A su vez, cada uno de los acercamientos y los vínculos que Amelia establece durante su travesía se convierten, al fin, en una aproximación a su padre, un intento por reconstruir la vida de este hombre a quien no pudo conocer. Así, el desfile de personajes que la acompaña (un poeta con quien se reúne por las noches para compartir largas charlas, un fotógrafo amigo, un tío desconocido hasta el momento) contribuyen a la conformación de la figura paterna.
 Otras micro-tramas que orbitan alrededor del argumento principal —como la historia de Gloria Amparo, amiga de Amelia— permanecen a la deriva y no reciben un desarrollo completo. La autora conoce a la perfección el efecto de estos pequeños relatos inconclusos, que funcionan alternativamente como contrapunto y como recurso ennoblecedor del eje temático de la obra. Y con la misma eficacia literaria, Actis consigue dibujar la impresión de que, tal como expresa Amelia en su diario, "nunca figuran en los mapas los lugares verdaderos".

Diario de viaje: Libros en viejas ciudades
Beatriz Actis 
(Contratapa - Rosario 12 - 7/9/2011)



Librerías de viejo en Lisboa

“Oporto trabaja y Lisboa se divierte”, repite la muchacha portuguesa poniendo en evidencia una histórica disputa -profunda o superficial, verdadera o impostada, atinente a la realidad o al mito: resta averiguarlo- entre las dos ciudades. En verdad, la frase completa es: “Lisboa se divierte, Coimbra canta, Braga reza y Oporto trabaja”.
…Y la bella “Porto” contemplada desde el Café Majestic (lugar-estrella de la ciudad desde la Belle Époque, sede en etapas diversas de las reuniones sociales de la aristocracia local y de las tertulias políticas y el debate de ideas) bulle de gente en movimiento, movimiento que parece reñido con el ocio, tal vez dando razón a la sentencia.
Aunque ¿cómo aceptar alguna crítica, alguna ironía sobre Lisboa después de tanto Pessoa en nuestras vidas, de aquel Pessoa multiplicado en Álvaro de Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Bernardo Soares, Antonio Mora…?
Del vínculo entre el poeta y sus heterónimos, que creó esos otros de sí mismo, saltamos a otra dispersión: la de los distintos lugares urbanos de encuentro con los libros (bibliotecas, librerías, puestos en las ferias), la tensión de ese vínculo entre los espacios centrales dedicados a los libros, los consagrados, y los espacios eclécticos y entrañables de las periferias.
En Oporto, la gran librería de estilo neogótico está situada en el centro de la ciudad, cercana a la Torre de los Clérigos, y es Lello e Irmao. Deslumbra. Las estanterías llegan hasta el techo, la imponente escalera en el centro es también de madera pero labrada, la luz natural inunda a lectores y a libros desde un amplio techo de vidrio.
En Lisboa, la Feira da Ladra, en el Campo de Santa Clara, y también el colorido mercado de libros viejos en la Rua da Anchieta en el barrio del Chiado, entre las estatuas de Fernando Pessoa, Luis de Camões y Eça de Queiroz, también deslumbran, pero bajo la luz del día.

Libros en La Habana Vieja

En Casa de las Américas, viejos cassettes con lecturas de sus propias obras hechas por escritores de Latinoamérica (no sólo cubanos como Lezama Lima sino también de otras nacionalidades como el colombiano García Máquez, el hondureño - guatemalteco Augusto Monterroso, el salvadoreño Roque Dalton), entre ediciones realizadas en “la Isla Grande”, afiches de películas y fotos de la Revolución, perpetúan las voces por tantos admiradas.
Fundada en 1959 por Haydée Santamaría y presidida durante años por Roberto Fernández Retamar, Casa de las Américas divulga y propicia el trabajo de creadores e investigadores en distintos campos del arte, aunque con acento en la literatura.
En la Plaza de Armas de La Habana Vieja, bajo los árboles, volvemos a encontrarnos no ya con las voces sino con la letra escrita: en los puestos que bordean la plaza conviven la primera edición de “Paradiso”, de Lezama, y los “Cuentos Completos” de Virgilio Piñera
Los vendedores pregonan, como es usual en los mercados, pero aquí pregonan sobre ediciones especiales: “¡Las obras escogidas de Martí, en tres tomos, del Centro de Estudios Martianos!”. Si ven que uno lleva en la mano los cuentos de Piñera recién comprados en un puesto vecino, el pregón cambia a: “¡Aquí tenemos el teatro completo de Piñera!”.
Y siguen las promulgaciones literarias en voz alta, que rebotan, se multiplican o se pierden entre el gentío que recorre la plaza.

Cerca del Sena

En la capital de Francia es hoy una rutina turística visitar Shakespeare and Company, casi a un costado de Notre Dame, cerca de la plaza de Saint Michel, sobre la orilla izquierda del Sena.
(Sin embargo, es sobre el Boulevard Saint Michel, próximo a la mítica librería, en donde puede revolverse entre libros usados y con precios de saldo, dispuestos sobre mesas colocadas en las veredas, en busca de joyas literarias perdidas o, al menos, de alguna oferta en euros atractiva para el lector)
La Shakespeare and Company  original, mencionada por Hemingway en “París era una fiesta”, estaba ubicada en otro sitio, sobre la calle Odeón, y su famosa dueña, Sylvia Beach -editora y librera estadounidense expatriada- recibía allí durante las primeras décadas del siglo XX, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, a los escritores de la Generación Perdida,  a otros autores de origen anglosajón y a intelectuales franceses de la época.
El lugar funcionaba en la práctica como un centro de literatura de lengua inglesa en pleno París. Beach fue la primera en publicar el “Ulyses” de Joyce, en 1922, antes que en Inglaterra y en Estados Unidos.  
Según lo testimonian diversas publicaciones, la librería se negó a vender, en los 40, un libro de Joyce a un oficial alemán en plena ocupación y como consecuencia, su dueña fue  arrestada durante seis meses y el negocio cerró.
Una década después, reabrió otra librería con ese nombre, esta vez bajo la dirección del también norteamericano George Whitman; es la que hoy aún se encuentra abierta al público en París, al lado del río que atraviesa la ciudad (su dueño murió en el 2011, casi centenario). Fue frecuentada en los años 50 e inicios de los 60 por la Generación Beat.
Esencialmente un anfitrión,  Whitman convirtió a la librería en una suerte de hospedaje gratuito no sólo para escritores sino para todo aquel nómada dispuesto a recibir alojamiento a cambio de algunas horas de trabajo en la librería, atendiendo al público.
Se dice que a cambio, también, los huéspedes se comprometían a leer.


Diario de viaje: Agua que fluye a través de las ciudades

Contratapa de "Rosario 12" - Beatriz Actis - 10/9/2012


Canales como callecitas

  Ante tantos ríos americanos desmesurados, de belleza salvaje, la visión de algunos ríos europeos, angostos y –al menos en apariencia- menos vigorosos, tal vez decepcione al que contempla.
  Sin embargo, las ciudades surcadas por canales, si bien pierden la majestuosidad de un gran río que las atraviese, muestran sus delgados callejones de agua, en algunos casos también las barcazas detenidas contra la orilla frente al verde del costado o los muros de edificaciones soberbias, y siempre, un entramado de puentes que las vuelve pintorescas y en algunos ocasiones sublimes (como la laberíntica Venecia; puede pensarse además, y sólo en Europa, en paisajes diversos como los de Ámsterdam, Brujas, Estocolmo, e incluso en los bächle, esos pequeños canales de agua que atraviesan el casco histórico de Friburgo, la puerta alemana a la Selva Negra).
  Al norte de Londres –ciudad hendida por aguas históricas como las del Támesis-,  en el barrio de Camden, es protagonista el Regent’s Canal, originalmente diseñado para unir el río con el Grand Union Canal, ya que traía desde el norte de Inglaterra diversos suministros para ser exportados. El canal parte de Paddington, marcha a lo largo de Camden y al final se une al Támesis. Es decir, se puede llegar al barrio no sólo por tierra sino navegando a través del canal Regent´s.
  Un recorrido por Camden quizás puede dar una vaga idea de lo que fue el Londres punk de los ochenta. Porque junto al Canal, es protagonista el mercado callejero: en Camden Town, una larga calle se extiende desde la salida del subterráneo hasta los canales y concentra la mayoría de los negocios –disímiles, extravagantes- que dan vida al mercado principal, entre música que surge de los puestos y olores variados de comidas étnicas.
  Como en otros lugares de Londres (y del mundo), hay pintadas de Banksy en las paredes. El arte urbano de Banksy combina escritura y stencils. Uno de sus libros –el primero, publicado en blanco y negro- tiene un título significativo para pensar el arte callejero de la última década; se llama “Golpeando tu cabeza contra una pared de ladrillo”.

Panamá

  La vista –en especial, desde arriba- del canal de Panamá, ya sea de día o de noche, no deja dudas: la estratégica ubicación del istmo y la relativamente corta distancia entre los océanos no podían sino motivar durante siglos la fervorosa idea de construir allí un paso que uniera Pacífico y Atlántico. (Escribe Neruda en “Historia de un canal”: “…en vez de darte un mar te dio las aguas / de los dos soberanos de la espuma / y te besa el Atlántico con labios / acostumbrados a besar las uvas / mientras que el mar Pacífico sacude / en tu honor su ciclónica estatura…”).
  En la zona llevaron a cabo reconocimientos desde Colón hasta Hernán Cortés, pasando por Vasco Núñez de Balboa, ya en la Conquista. En el XIX, von Humboldt propuso un proyecto de excavación; a fines de ese siglo, Fernando de Lesseps, que había construido con éxito el Canal de Suez, presentó su propio proyecto.
  Tras una historia accidentada y trágica, que se dilata en el tiempo, atravesada por feroces intereses económicos e intrigas políticas, el Canal se inauguró en 1914. Antes de su apertura, el paso natural utilizado era el Estrecho de Magallanes, aquí, en el extremo sur del continente.

Puente sobre un río de Mérida

  La Mérida española (la ciudad tiene homónimos en México y en Venezuela) está cruzada por dos ríos: el Guadiana y el Albarregas. El puente romano que aún se conserva sobre el río Guadiana, considerado uno de los más largos de la antigüedad,  data de tiempos de Augusto; descansa sobre sesenta arcos de medio punto, tres de los cuales están ocultos en las orillas. La ciudad fue la capital de la provincia romana de Lusitania.
  Hay en Mérida otras ruinas romanas famosas que conforman uno de los principales y más extensos conjuntos arqueológicos de España, declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco. El anfiteatro forma parte de ese conjunto y en él se celebra desde hace décadas, durante el verano europeo, el Festival de Teatro Clásico.
  Los inicios fueron en 1933: ese año, Margarita Xirgu interpretó Medea en el teatro romano, después de diecisiete siglos de olvido.

Luna sobre el agua

  Luna de esta noche –rara- sobre el río Paraná, luna anaranjada. Abajo apenas se vislumbran los muelles rotos. Dice Marcela en Cali: Naranja encendida.
  Dice  Esmeralda en Venezuela: A la luna de hoy en Cumaná le falta un pedacito y se la ve muy blanca.
  Dice Mauricio desde El Salvador: En Morazán, la luna está de plata.
  (Termina este reporte de lunas latinoamericanas).

martes, 4 de septiembre de 2012

Juanele


Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas, / gracia viva del aire y los reflejos / bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.

Neruda


…y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente / llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, / sustancias extrañamente inseparables y perdidas.