Cuando se va el verano (2017)

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Libro para jóvenes - Estación Mandioca Ediciones

Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

domingo, 16 de septiembre de 2012


Diario LA CAPITAL - Suplemento "Señales" - 16/9/2012

El camino al padre

(Por Julieta Tonello).  En "Los poetas nocturnos", Beatriz Actis relata la historia de una mujer que emprende un viaje en busca de su pasado. Una novela premiada por el Fondo Nacional de las Artes.

NOVELA "Los poetas nocturnos"
de Beatriz Actis. Homo Sapiens, Rosario, 2012, 136 páginas.


 Autora de una prolífica producción literaria que comprende distintos géneros, Beatriz Actis (Sunchales, 1961) se aboca en esta ocasión a la novela dando vida a Los poetas nocturnos, obra premiada en el concurso del Fondo Nacional de las Artes 2011.

 Delia Crochet, escritora a quien está dedicado el libro, indicó respecto de su temática: "Es una novela pendular, va de la ciudad de Frontera al pueblo de Bleckman, va y viene. A veces más lejos, La Habana, Nueva York, París. Novela viajera. El comienzo es una búsqueda no muy directa, sesgada, y a medida que la novela avanza la dimensión es otra, es la verdadera, la que las conversaciones y recuerdos de la primera parte retardan y a veces ocultan". No es la primera vez que Actis adopta al viaje como motivo de su obra. Tanto en Viajeros extraviados (2000) como en Cruces cierran los campos (2006) y Los años fugitivos (2012) se observa una escritura marcada por el paisaje ribereño y el movimiento geográfico como metáfora de la búsqueda interior de los personajes.
 En breves capítulos, Los poetas nocturnos desglosa la historia de Amelia, mujer de carácter apático y más bien sombrío que asume la voz narrativa del relato. La descripción del viaje se construye a partir de su punto de vista, y al avanzar en la lectura queda claro que se trata de una mirada signada por una pulsión rememorante y un constante estado de añoranza. "Fue entonces cuando pude contemplar desde afuera mi estado de melancolía, y me di cuenta de que veo en todo lo demás mi propia muerte", apunta Amelia.
Si bien las primeras páginas de la novela parecen anunciar un argumento centrado en el deambular del personaje por distintos territorios, pronto el texto se desvía en otras direcciones. Paralelamente al viaje que inicia en busca de respuestas acerca de su padre, Amelia va internándose de manera gradual en un sendero que conduce al pasado —al suyo, al de su padre, al del pueblo que visita—. El viaje adquiere, entonces, una dimensión más profunda, erigiéndose como reencuentro con su propia genealogía, pero también como salvación. Así lo expresa la protagonista: "Pienso con inocencia que remontar el río desde la ciudad de Frontera hasta el pueblo costero de Bleckman podrá darle algún sentido a mi vida, rescatarme de la desazón".
 Sobre el corazón del relato, el desplazamiento geográfico como forma de exploración de su historia es reemplazado por la escritura. Es así que Amelia "(...) escribe para inventar una identidad, una tradición, o al menos, para completar con sentido lo que el hermano del padre no dijo, y tal vez también para que algún pasado un poco mítico adorne verdades más prosaicas, traiciones y hastíos pueblerinos". La protagonista inicia la escritura de un diario en el que se intercalan recreaciones de voces de otros tiempos, preguntas sobre su historia personal y reconstrucciones imaginarias de episodios remotos. El de la escritura se convierte, entonces, en el espacio que el personaje elige para pensarse, revisar su pasado y narrar una experiencia vital ligada a sus orígenes.
 La figura del padre ausente es otro de los tópicos en torno al cual gira el relato. En efecto, toda la novela se construye alrededor de la búsqueda de este padre que ejerce un fuerte dominio sobre el personaje principal a través de su omnipresencia, que es al mismo tiempo una ausencia. A su vez, cada uno de los acercamientos y los vínculos que Amelia establece durante su travesía se convierten, al fin, en una aproximación a su padre, un intento por reconstruir la vida de este hombre a quien no pudo conocer. Así, el desfile de personajes que la acompaña (un poeta con quien se reúne por las noches para compartir largas charlas, un fotógrafo amigo, un tío desconocido hasta el momento) contribuyen a la conformación de la figura paterna.
 Otras micro-tramas que orbitan alrededor del argumento principal —como la historia de Gloria Amparo, amiga de Amelia— permanecen a la deriva y no reciben un desarrollo completo. La autora conoce a la perfección el efecto de estos pequeños relatos inconclusos, que funcionan alternativamente como contrapunto y como recurso ennoblecedor del eje temático de la obra. Y con la misma eficacia literaria, Actis consigue dibujar la impresión de que, tal como expresa Amelia en su diario, "nunca figuran en los mapas los lugares verdaderos".

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