lunes, 28 de junio de 2010
Pavese
(Fragmento de "Los mares del sur", de Césare Pavese)
Caminamos una tarde por la ladera de un cerro,
en silencio. A la sombra del tardo crepúsculo
mi primo es un gigante vestido de blanco
que se mueve despacio, el rostro bronceado,
taciturno. Callar es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro debió estar muy solo
-un gran hombre entre idiotas o un pobre loco-
para enseñar a los suyos tanto silencio.
Caminamos una tarde por la ladera de un cerro,
en silencio. A la sombra del tardo crepúsculo
mi primo es un gigante vestido de blanco
que se mueve despacio, el rostro bronceado,
taciturno. Callar es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro debió estar muy solo
-un gran hombre entre idiotas o un pobre loco-
para enseñar a los suyos tanto silencio.
tenue tinta gris
Beatriz Actis
Compré una fotografía
de Jacques Prévert
de 1946
en forma de postal
publicada
por Editions du Désastre
en la que él está sentado
en un café de París
acariciando a un gato negro y blanco
que duerme sobre la mesa.
(La compré por el gato)
Y la acomodé en la biblioteca
entre los libros caídos, con polvo,
superpuestos.
Iba leyendo mientras tanto
la novela inconclusa de Capote
que lleva la cita de las plegarias atendidas,
la iba leyendo e iban rodando una a una las hojas,
caían al suelo, desarmadas e innobles,
en abandono del libro
descosido.
Aproveché además y acomodé los estantes
y entre ellos, un regalo reciente, simple:
mi primo trajo desde Lima la colección
de las viejas poesías de Vallejo.
A través de la ventana que ilumina
y descubre rincones,
los colores antiguos, extraños, repetidos
de la tarde.
La frase de Leonardo
está escrita al costado de los libros
con una tenue tinta gris:
Las ansiedades de la vida son nada.
Compré una fotografía
de Jacques Prévert
de 1946
en forma de postal
publicada
por Editions du Désastre
en la que él está sentado
en un café de París
acariciando a un gato negro y blanco
que duerme sobre la mesa.
(La compré por el gato)
Y la acomodé en la biblioteca
entre los libros caídos, con polvo,
superpuestos.
Iba leyendo mientras tanto
la novela inconclusa de Capote
que lleva la cita de las plegarias atendidas,
la iba leyendo e iban rodando una a una las hojas,
caían al suelo, desarmadas e innobles,
en abandono del libro
descosido.
Aproveché además y acomodé los estantes
y entre ellos, un regalo reciente, simple:
mi primo trajo desde Lima la colección
de las viejas poesías de Vallejo.
A través de la ventana que ilumina
y descubre rincones,
los colores antiguos, extraños, repetidos
de la tarde.
La frase de Leonardo
está escrita al costado de los libros
con una tenue tinta gris:
Las ansiedades de la vida son nada.
martes, 22 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
Últimos atardeceres
Roberto Bolaño - Últimos atardeceres en la tierra
Y luego se acaba el paréntesis, se acaban las cuarentaiocho horas de gracia en las cuales B y su padre han recorrido algunos bares de Acapulco, han dormido tirados en la playa, han comido e incluso se han reído, y comienza un período gélido, un período aparentemente normal pero dominado por unos dioses helados (dioses que, por otra parte, no interfieren en nada con el calor reinante en Acapulco), unas horas que en otro tiempo, tal vez cuando era adolescente, B llamaría aburrimiento, pero que ahora de ninguna manera llamaría así, sino más bien desastre, un desastre peculiar, un desastre que por encima de todo aleja a B de su padre, el precio que tienen que pagar por existir (...)
Y luego se acaba el paréntesis, se acaban las cuarentaiocho horas de gracia en las cuales B y su padre han recorrido algunos bares de Acapulco, han dormido tirados en la playa, han comido e incluso se han reído, y comienza un período gélido, un período aparentemente normal pero dominado por unos dioses helados (dioses que, por otra parte, no interfieren en nada con el calor reinante en Acapulco), unas horas que en otro tiempo, tal vez cuando era adolescente, B llamaría aburrimiento, pero que ahora de ninguna manera llamaría así, sino más bien desastre, un desastre peculiar, un desastre que por encima de todo aleja a B de su padre, el precio que tienen que pagar por existir (...)
domingo, 20 de junio de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
Oblicuo / Poemas
domingo, 13 de junio de 2010
él me habla
Beatriz Actis
él me habla
ahora
sobre las estrellas
sobre cómo se ven de límpidas
o de cercanas
por las noches
en el cielo de Copacabana
(no en Brasil
sino en Bolivia)
y ese lento extrañar
a pesar de su voz en el medio de la noche
la transforma
en un mar oscurecido
en que sus besos vuelven
como olas
es el instante en que los viejos amores reaparecen
y la tenue luz del norte
no es más que una amenaza sin riesgo de cumplirse
el brillo inadvertido de estrellas de altiplano
nunca llegará hasta aquí
temo decirle
y callo:
extráñame
no me borres
no me aísles desde ahora de tu cárcel
tócame al menos a través de la memoria
si no es con tus sentidos
él me habla
ahora
sobre las estrellas
sobre cómo se ven de límpidas
o de cercanas
por las noches
en el cielo de Copacabana
(no en Brasil
sino en Bolivia)
y ese lento extrañar
a pesar de su voz en el medio de la noche
la transforma
en un mar oscurecido
en que sus besos vuelven
como olas
es el instante en que los viejos amores reaparecen
y la tenue luz del norte
no es más que una amenaza sin riesgo de cumplirse
el brillo inadvertido de estrellas de altiplano
nunca llegará hasta aquí
temo decirle
y callo:
extráñame
no me borres
no me aísles desde ahora de tu cárcel
tócame al menos a través de la memoria
si no es con tus sentidos
miércoles, 9 de junio de 2010
Amantes antípodas

Enrique Molina
Aquellos hoteles…
Todas las rampas de la vida cambiante
la velocidad del amor el mágico filtro de la excomunión
la hambrienta luz del desencuentro en nuestras venas de azote
cartas desamparadas antiguas prosas de la noche de los abrazos
y el solitario frenesí de las palmeras
cuando en la ausencia
creciendo hacia mi pecho el fondo de la tierra me devuelve de golpe
todas nuestras caricias
el nudo furioso de la pasión en las negras argollas del tiempo
aquellos moblajes de desvalijamiento y de lluvias
luz de senos en el mar y sus gaviotas y músicas
sobre un altar de desunión con grandes lunas fascinantes sin más
pradera que tus ojos
país incorruptible
país narcótico
con risas del alcohol del viento
y tu pelo sobre mi cara
(...)
sábado, 5 de junio de 2010
Viejo y eterno Bayley
Es infinita esta riqueza abandonada
Edgar Bayley
esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro
cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas
distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha
extinguido
(...)
Edgar Bayley
esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro
cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas
distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha
extinguido
(...)
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