—Poetas, ¿qué están haciendo ustedes?
—Esperando a que pase una luciérnaga.
—¿Para qué?
—Nuestro maestro no las conoce y quiere ver una…
—Amigos poetas, puedo ayudarlos, yo tengo un libro que tiene el dibujo de una luciérnaga.
—La luciérnaga del libro no sirve.
—¿Por qué?
—Porque nuestro maestro quiere escribir un haiku.
—¿Qué es un haiku?
—Es esperar que pase una luciérnaga.
martes, 2 de octubre de 2012
martes, 25 de septiembre de 2012
Diario de viaje
Calles, plazas, parques: de cara al
sol
(Contratapa de "Rosario 12", 25/9/2012)
Calles abiertas y mercados de pulgas
Son buenas las ciudades de domingo. La Sexta Avenida, en
Manhattan, se transforma en una feria callejera, multiétnica. Es que hay momentos
en que el centro de las grandes ciudades deja paso a cierto “espíritu de periferia”,
momentos en que se puede caminar, por ejemplo, por la 3ra. Avenida o por las
cercanías de la
Universidad de Columbia, también en la isla, y los negocios y
bares usuales pasan desapercibidos porque en la calle –no en las veredas- conviven
puestos que ofrecen objetos de segunda mano, comidas y artesanías de origen diverso (al lado de un puesto de maíz asado atendido
por latinoamericanos, una mujer africana
vende adornos típicos de Kenia).
Y
la gente que no suele circular por esas zonas sí lo hace entonces, apropiándose
de modo temporario de un escenario urbano que habitualmente la excluye.
Un ritual de primavera
Riverside
Park, al noroeste de la isla de Manhattan, es un angosto recreo verde,
de unos cien a doscientos metros de ancho por unos seis kilómetros de largo, al
lado del río Hudson. Los planos de este parque fueron diseñados a fines del siglo
XIX por Frederick law Olmsted, quien también
proyectó otros dos grandes paseos públicos neoyorquinos: el famoso Central
Park, también en Manhattan, y Prospect
Park, en Brooklyn.
Es en
Brooklyn en donde se levanta el Jardín Botánico, una de cuyas zonas más
pintorescas y representativas es el Jardín Japonés. Cada año, entre abril y
mayo, se festeja allí el “Hanami”, un festival de un mes de duración en honor
al florecimiento de los cerezos, es decir, un ritual de primavera que culmina
con una celebración de un fin de semana llamada “Sakura Matsuri”.
Hay en el Botánico de Brooklyn más de
doscientos cerezos, que sobrevivieron a la donación inicial de dos mil árboles
hecha por el gobierno de Japón después de la Primera Guerra Mundial, y en su mayoría están
agrupados en Cherry Walk, El Paseo de los Cerezos. En el
interior del Jardín, entre colinas, pueden visitarse el pequeño lago con una
isla y una cascada, junto a sus puentes de madera y sus miradores, tras
atravesar el arco de entrada (torii ) que lleva al santuario Shinto.
Las numerosas y variadas especies de cerezos
florecen en primavera pero en días levemente distintos; por eso, Internet
oficia en este caso como una suerte de brújula para orientarnos ante la
naturaleza: en la página web del Botánico puede seguirse on line esa secuencia de
floraciones a través del denominado “Reloj de la cereza”.
Plazas, parques
Domingo
de otoño a la hora de la siesta –litoraleña- pero en el Village, sentados en un
banco bajo el sol, es decir, momentánea y felizmente alejados del frío en el
centro de Washington Square, cerca de la réplica del Arco del Triunfo y frente
a la Universidad
de Nueva York, que ocupa varias manzanas en torno de la plaza. Las calles arboladas de Greenwich Village (que
le dan un aire casi pueblerino a sólo cuadras del vértigo del Midtown, el pleno
centro de Manhattan con sus rascacielos emblemáticos), junto a los teatros off
Broadway y los famosos clubes de jazz, hacen de este barrio del bajo Manhattan -delimitado
por el río Hudson y las calles Broadway, Houston y 14- una posibilidad
entrañable de caminata urbana.Los pasos actuales conviven con ecos de las
leyendas de la bohemia neoyorquina, de la época en que allí residían el joven
Dylan, John Dos Passos, Edward Hopper, varios miembros de la generación beat
(en una esquina de la calle Bleecker se situaba el San Remo Bar, lugar
de reunión de Burroughs, Ginsberg, Corso, Kerouac) y de los clubes nocturnos surgían
voces y acordes como los de Joan Baez, Jimi Hendrix, James Taylor o Nina Simone.
En la plaza conviven, en domingo, un grupo que toca jazz, jóvenes que
bailan espontáneamente al lado de la banda, un pianista que va llevando su
instrumento sobre ruedas a diversos lugares de la explanada, vendedores de hot
dog, un equipo que filma una publicidad, joven modelo cool de la citada publicidad, reportera y camarógrafo que realizan
encuestas para la televisión, niños que corren a ardillas entre los árboles, hombres
y mujeres practicando desde tai chi hasta hula hula.
Se dice que Bob Dylan cantaba, en los tiempos míticos del barrio, junto
a la fuente de Washington Square.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Diario LA CAPITAL - Suplemento "Señales" - 16/9/2012
El camino al padre
(Por Julieta Tonello). En "Los poetas nocturnos",
Beatriz Actis relata la historia de una mujer que emprende un viaje en
busca de su pasado. Una novela premiada por el Fondo Nacional de las
Artes.
NOVELA "Los poetas nocturnos"
de Beatriz Actis. Homo Sapiens, Rosario, 2012, 136 páginas.
Autora de una prolífica producción literaria que comprende
distintos géneros, Beatriz Actis (Sunchales, 1961) se aboca en esta
ocasión a la novela dando vida a Los poetas nocturnos, obra premiada en el concurso del Fondo Nacional de las Artes 2011.
Autora de una prolífica producción literaria que comprende distintos géneros, Beatriz Actis (Sunchales, 1961) se aboca en esta ocasión a la novela dando vida a Los poetas nocturnos, obra premiada en el concurso del Fondo Nacional de las Artes 2011.
Delia Crochet, escritora a quien está dedicado el
libro, indicó respecto de su temática: "Es una novela pendular, va de la
ciudad de Frontera al pueblo de Bleckman, va y viene. A veces más
lejos, La Habana, Nueva York, París. Novela viajera. El comienzo es una
búsqueda no muy directa, sesgada, y a medida que la novela avanza la
dimensión es otra, es la verdadera, la que las conversaciones y
recuerdos de la primera parte retardan y a veces ocultan". No es la
primera vez que Actis adopta al viaje como motivo de su obra. Tanto en Viajeros extraviados (2000) como en Cruces cierran los campos (2006) y Los años fugitivos
(2012) se observa una escritura marcada por el paisaje ribereño y el
movimiento geográfico como metáfora de la búsqueda interior de los
personajes.
En breves capítulos, Los poetas nocturnos
desglosa la historia de Amelia, mujer de carácter apático y más bien
sombrío que asume la voz narrativa del relato. La descripción del viaje
se construye a partir de su punto de vista, y al avanzar en la lectura
queda claro que se trata de una mirada signada por una pulsión
rememorante y un constante estado de añoranza. "Fue entonces cuando pude
contemplar desde afuera mi estado de melancolía, y me di cuenta de que
veo en todo lo demás mi propia muerte", apunta Amelia.
Si bien las primeras páginas de la novela parecen
anunciar un argumento centrado en el deambular del personaje por
distintos territorios, pronto el texto se desvía en otras direcciones.
Paralelamente al viaje que inicia en busca de respuestas acerca de su
padre, Amelia va internándose de manera gradual en un sendero que
conduce al pasado —al suyo, al de su padre, al del pueblo que visita—.
El viaje adquiere, entonces, una dimensión más profunda, erigiéndose
como reencuentro con su propia genealogía, pero también como salvación.
Así lo expresa la protagonista: "Pienso con inocencia que remontar el
río desde la ciudad de Frontera hasta el pueblo costero de Bleckman
podrá darle algún sentido a mi vida, rescatarme de la desazón".
Sobre el corazón del relato, el desplazamiento
geográfico como forma de exploración de su historia es reemplazado por
la escritura. Es así que Amelia "(...) escribe para inventar una
identidad, una tradición, o al menos, para completar con sentido lo que
el hermano del padre no dijo, y tal vez también para que algún pasado un
poco mítico adorne verdades más prosaicas, traiciones y hastíos
pueblerinos". La protagonista inicia la escritura de un diario en el que
se intercalan recreaciones de voces de otros tiempos, preguntas sobre
su historia personal y reconstrucciones imaginarias de episodios
remotos. El de la escritura se convierte, entonces, en el espacio que el
personaje elige para pensarse, revisar su pasado y narrar una
experiencia vital ligada a sus orígenes.
La figura del padre ausente es otro de los tópicos en
torno al cual gira el relato. En efecto, toda la novela se construye
alrededor de la búsqueda de este padre que ejerce un fuerte dominio
sobre el personaje principal a través de su omnipresencia, que es al
mismo tiempo una ausencia. A su vez, cada uno de los acercamientos y los
vínculos que Amelia establece durante su travesía se convierten, al
fin, en una aproximación a su padre, un intento por reconstruir la vida
de este hombre a quien no pudo conocer. Así, el desfile de personajes
que la acompaña (un poeta con quien se reúne por las noches para
compartir largas charlas, un fotógrafo amigo, un tío desconocido hasta
el momento) contribuyen a la conformación de la figura paterna.
Otras micro-tramas que orbitan alrededor del
argumento principal —como la historia de Gloria Amparo, amiga de Amelia—
permanecen a la deriva y no reciben un desarrollo completo. La autora
conoce a la perfección el efecto de estos pequeños relatos inconclusos,
que funcionan alternativamente como contrapunto y como recurso
ennoblecedor del eje temático de la obra. Y con la misma eficacia
literaria, Actis consigue dibujar la impresión de que, tal como expresa
Amelia en su diario, "nunca figuran en los mapas los lugares
verdaderos".
Diario de viaje: Libros en viejas ciudades
Beatriz Actis
(Contratapa - Rosario 12 - 7/9/2011)
Beatriz Actis
(Contratapa - Rosario 12 - 7/9/2011)
Librerías de viejo en Lisboa
“Oporto
trabaja y Lisboa se divierte”, repite la muchacha portuguesa poniendo en
evidencia una histórica disputa -profunda o superficial, verdadera o impostada,
atinente a la realidad o al mito: resta averiguarlo- entre las dos ciudades. En
verdad, la frase completa es: “Lisboa se divierte, Coimbra canta, Braga reza y Oporto
trabaja”.
…Y
la bella “Porto” contemplada desde el Café Majestic (lugar-estrella de la
ciudad desde la Belle
Époque, sede en etapas diversas de las reuniones sociales de la aristocracia
local y de las tertulias políticas y el debate de ideas) bulle de gente en
movimiento, movimiento que parece reñido con el ocio, tal vez dando razón a la
sentencia.
Aunque
¿cómo
aceptar alguna crítica, alguna ironía sobre Lisboa después de tanto
Pessoa en nuestras vidas, de aquel Pessoa multiplicado en Álvaro de
Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Bernardo Soares, Antonio Mora…?
Del
vínculo entre el poeta y sus heterónimos, que creó esos otros de sí mismo,
saltamos a otra dispersión: la de los distintos lugares urbanos de encuentro
con los libros (bibliotecas, librerías, puestos en las ferias), la tensión de
ese vínculo entre los espacios centrales dedicados a los libros, los
consagrados, y los espacios eclécticos y entrañables de las periferias.
En
Oporto, la gran librería de estilo neogótico está situada en el centro de la
ciudad, cercana a la Torre de los Clérigos, y es Lello e Irmao.
Deslumbra. Las estanterías llegan hasta el techo, la imponente escalera en el
centro es también de madera pero labrada, la luz natural inunda a lectores y a
libros desde un amplio techo de vidrio.
En Lisboa, la Feira da Ladra, en el
Campo de Santa Clara, y también el colorido mercado de libros viejos en la Rua da Anchieta en el barrio
del Chiado, entre las estatuas de Fernando Pessoa, Luis de Camões y Eça de
Queiroz, también deslumbran, pero bajo la luz del día.
Libros en La
Habana Vieja
En
Casa de las Américas, viejos cassettes con lecturas de sus propias obras hechas
por escritores de Latinoamérica (no sólo cubanos como Lezama Lima sino también de
otras nacionalidades como el colombiano García Máquez, el hondureño -
guatemalteco Augusto Monterroso, el salvadoreño Roque Dalton), entre ediciones realizadas
en “la Isla Grande”,
afiches de películas y fotos de la Revolución, perpetúan las voces por tantos admiradas.
Fundada en 1959 por Haydée Santamaría y presidida durante
años por Roberto Fernández Retamar, Casa de las Américas divulga y propicia el
trabajo de creadores e investigadores en distintos campos del arte, aunque con
acento en la literatura.
En
la Plaza de
Armas de La Habana Vieja,
bajo los árboles, volvemos a encontrarnos no ya con las voces sino con la letra
escrita: en los puestos que bordean la plaza conviven la primera edición de
“Paradiso”, de Lezama, y los “Cuentos Completos” de Virgilio Piñera
Los
vendedores pregonan, como es usual en los mercados, pero aquí pregonan sobre
ediciones especiales: “¡Las obras escogidas de Martí, en tres tomos, del Centro
de Estudios Martianos!”. Si ven que uno lleva en la mano los cuentos de Piñera recién
comprados en un puesto vecino, el pregón cambia a: “¡Aquí tenemos el teatro
completo de Piñera!”.
Y
siguen las promulgaciones literarias en voz alta, que rebotan, se multiplican o
se pierden entre el gentío que recorre la plaza.
Cerca del Sena
En
la capital de Francia es hoy una rutina turística visitar Shakespeare and
Company, casi a un costado de Notre Dame, cerca de la plaza de Saint Michel, sobre
la orilla izquierda del Sena.
(Sin
embargo, es sobre el Boulevard Saint Michel, próximo a la mítica librería, en
donde puede revolverse entre libros usados y con precios de saldo, dispuestos
sobre mesas colocadas en las veredas, en busca de joyas literarias perdidas o,
al menos, de alguna oferta en euros atractiva para el lector)
La Shakespeare and
Company original, mencionada por
Hemingway en “París era una fiesta”, estaba ubicada en otro sitio, sobre la
calle Odeón, y su famosa dueña, Sylvia Beach -editora y librera estadounidense
expatriada- recibía allí durante las primeras décadas del siglo XX, entre la Primera y la Segunda
Guerra Mundial, a los escritores de la Generación Perdida, a otros autores de origen anglosajón y a
intelectuales franceses de la época.
El
lugar funcionaba en la práctica como un centro de literatura de lengua inglesa
en pleno París. Beach fue la primera en publicar el “Ulyses” de Joyce, en 1922,
antes que en Inglaterra y en Estados Unidos.
Según
lo testimonian diversas publicaciones, la librería se negó a vender, en los 40,
un libro de Joyce a un oficial alemán en plena ocupación y como consecuencia,
su dueña fue arrestada durante seis
meses y el negocio cerró.
Una
década después, reabrió otra librería con ese nombre, esta vez bajo la
dirección del también norteamericano George Whitman; es la que hoy aún se
encuentra abierta al público en París, al lado del río que atraviesa la ciudad (su
dueño murió en el 2011, casi centenario). Fue frecuentada en los años 50 e
inicios de los 60 por la Generación Beat.
Esencialmente
un anfitrión, Whitman convirtió a la
librería en una suerte de hospedaje gratuito no sólo para escritores sino para todo
aquel nómada dispuesto a recibir alojamiento a cambio de algunas horas de
trabajo en la librería, atendiendo al público.
Se
dice que a cambio, también, los huéspedes se comprometían a leer.
Diario de viaje: Agua que fluye a través de las ciudades
Contratapa de "Rosario 12" - Beatriz Actis - 10/9/2012
Canales como callecitas
Ante tantos ríos americanos desmesurados, de
belleza salvaje, la visión de algunos ríos europeos, angostos y –al menos en apariencia-
menos vigorosos, tal vez decepcione al que contempla.
Sin embargo, las ciudades surcadas por
canales, si bien pierden la majestuosidad de un gran río que las atraviese,
muestran sus delgados callejones de agua, en algunos casos también las barcazas
detenidas contra la orilla frente al verde del costado o los muros de
edificaciones soberbias, y siempre, un entramado de puentes que las vuelve pintorescas
y en algunos ocasiones sublimes (como la laberíntica Venecia; puede pensarse
además, y sólo en Europa, en paisajes diversos como los de Ámsterdam, Brujas, Estocolmo, e
incluso en los bächle, esos pequeños canales de agua que atraviesan el casco
histórico de Friburgo, la puerta alemana a la Selva Negra).
Al norte de Londres –ciudad hendida por aguas históricas como las del
Támesis-, en el barrio de Camden, es
protagonista el Regent’s Canal, originalmente diseñado para unir el río con el
Grand Union Canal, ya que traía desde el norte de Inglaterra diversos
suministros para ser exportados. El canal parte de Paddington, marcha a lo
largo de Camden y al final se une al Támesis. Es decir, se puede llegar al
barrio no sólo por tierra sino navegando a través del canal Regent´s.
Un recorrido por Camden quizás puede dar una vaga
idea de lo que fue el Londres punk de los ochenta. Porque junto al Canal, es
protagonista el mercado callejero: en Camden
Town, una larga calle se extiende desde la salida del subterráneo hasta
los canales y concentra la mayoría de los negocios –disímiles, extravagantes- que
dan vida al mercado principal, entre música que surge de los puestos y olores
variados de comidas étnicas.
Como en otros lugares de Londres (y del
mundo), hay pintadas de Banksy en las paredes. El arte urbano de Banksy combina
escritura y stencils. Uno de sus libros –el primero, publicado en blanco y
negro- tiene un título significativo para pensar el arte callejero de la última
década; se llama “Golpeando tu cabeza contra una pared de ladrillo”.
Panamá
La vista –en especial, desde arriba- del canal de Panamá, ya sea de día
o de noche, no deja dudas: la estratégica ubicación del istmo y la
relativamente corta distancia entre los océanos no podían sino motivar durante
siglos la fervorosa idea de construir allí un paso que uniera Pacífico y
Atlántico. (Escribe Neruda en “Historia de un canal”: “…en vez de darte un mar te dio las aguas / de los dos soberanos de la
espuma / y te besa el Atlántico con labios / acostumbrados a besar las uvas /
mientras que el mar Pacífico sacude / en tu honor su ciclónica estatura…”).
En la zona llevaron a cabo reconocimientos desde Colón hasta Hernán
Cortés, pasando por Vasco Núñez de Balboa, ya en la Conquista. En el XIX, von
Humboldt propuso un proyecto de excavación; a fines de ese siglo, Fernando de Lesseps, que había construido con
éxito el Canal de Suez, presentó su propio proyecto.
Tras una historia accidentada y trágica, que se dilata en el tiempo,
atravesada por feroces intereses económicos e intrigas políticas, el Canal se
inauguró en 1914. Antes de su apertura, el paso natural utilizado era el Estrecho de Magallanes, aquí, en el extremo
sur del continente.
Puente sobre un río de Mérida
La
Mérida española (la ciudad tiene homónimos en México y en Venezuela)
está cruzada por dos ríos: el Guadiana y el Albarregas.
El puente romano que aún se
conserva sobre el río Guadiana, considerado uno de los más largos de la
antigüedad, data de tiempos de Augusto; descansa
sobre sesenta arcos de medio punto, tres de los cuales están ocultos en las
orillas. La ciudad fue la capital de la provincia romana de Lusitania.
Hay en Mérida otras ruinas romanas famosas que conforman uno de los
principales y más extensos conjuntos arqueológicos de España,
declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco. El
anfiteatro forma parte de ese conjunto y en él se celebra desde hace décadas,
durante el verano europeo, el Festival de Teatro Clásico.
Los inicios fueron en 1933: ese año, Margarita Xirgu interpretó Medea en
el teatro romano, después de diecisiete siglos de olvido.
Luna sobre el agua
Luna de esta noche –rara-
sobre el río Paraná, luna anaranjada. Abajo
apenas se vislumbran los muelles rotos. Dice
Marcela en Cali: Naranja encendida.
Dice Esmeralda en Venezuela: A la luna de hoy en Cumaná le falta un pedacito y se la ve muy
blanca.
Dice Mauricio desde El Salvador: En Morazán, la luna está de plata.
(Termina este reporte
de lunas latinoamericanas).
martes, 4 de septiembre de 2012
Juanele
Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas, / gracia viva del aire y los reflejos / bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.
Neruda
…y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente / llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, / sustancias extrañamente inseparables y perdidas.
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