En la pared lateral de uno de los edificios de la vereda de enfrente alguien proyectó un video de Madonna en blanco y negro. Se veía perfecto a la altura de mi piso diez, parecía Times Square. Exagero, claro. Me asomé al balcón tratando de averiguar desde qué departamento lo estaban proyectando; desde algún que otro balcón alguna gente se asomaba también. Fue una situación extraña: el paisaje nocturno del barrio en las alturas cambió, y fue para bien, diría. Ahora el proyector se apagó y quedó como un vacío (y eso que Madonna no me gusta demasiado)
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