domingo, 24 de julio de 2016

Todo el tiempo, dijo




Poema IX - Beatriz Actis (en: Sin cuerpo no habrá crimen - Alción)


Todo el tiempo, dijo, el amor cambia -
cada noche trae su cuota de desgano -

Tu cuerpo, dije, como si lo hubiera tocado siempre -

Te esperé demasiado, dijo,
giró la cabeza y solo pude ver un perfil azul -
La noche se cerró sobre sí misma -

Nada o todo sucederá más allá de esta noche, dijo -
la sombra voló -

La desesperación se me derrama, dije, como el vino se derrama -
En todo hay cierta inevitable muerte -

No puedo dormir, dijo - la noche se hace madrugada -

La luz se vuelve cruel, dije,
y respiré aquello tenue y breve de su aliento -

Me aterra el dolor, dijo -
Caminar solo y que todos los lugares parezcan los mismos -
Los bordes del amor, dijo, un gran hotel sin huéspedes -
un museo imaginario -

Como un marino sin barco -
Como esas naves que nunca regresan, dijo -

Tu sangre no me pertenece, dije,
como el que muere guardando un secreto.


viernes, 8 de julio de 2016

Desde el bar. Vísperas

Parafraseando: Un hombre pasa con una res al hombro. Desde la ventana del bar, veo la danza viril del operario vestido de blanco, con la media res sobre el hombro, que esquiva los autos y logra atravesar la calle para marchar después, por la vereda, esquivando esta vez transeúntes, hacia la carnicería que está a mitad de cuadra. Es como una escena de otra época o de otro lugar (un viejo mercado en las afueras, en esta ciudad con su memoria de frigoríficos, una foto en blanco y negro de Cartier-Bresson, o algo por el estilo) pero en el centro, y ahora. Miro el reloj y salgo. Hacia la izquierda, la barranca y el río, la tentación de caminar en las orillas de ese tumulto que es el Paraná; hacia la derecha, algunas cuadras más y entrar al cine, con sus solitarios de la media tarde. A alguno de esos dos lugares me voy.
(Rosario, víesperas del 9 de julio de 2016 - Bicentenario)

miércoles, 29 de junio de 2016

Hoy, en el bar

Rosario, 29 de junio

La joven moza de la noche partió hacia Barcelona. Allá, en un bar de La Barceloneta, está trabajando otra de las mozas, que se fue a España en el verano que pasó. Laura partió ahora, y vivirá con ella. 
Eran las únicas mozas a las que conocía por su nombre: Laura, Mariana. 
No sé cómo se llama la chica de la mañana que me sirve el desayuno casi a diario. Es cansina, callada. Tal vez por la ausencia repentina de Laura, tuve la necesidad de saber su nombre. Se lo pregunté mientras le pagaba y me respondió en un susurro: 

Betsabé.


miércoles, 22 de junio de 2016

Cotidianas

Otros apuntes

El señor coreano de la rotisería envejeció de repente. 

(Nota para gente ajena al barrio, que vuelve menos interesante la observación anterior: el señor tiene menos dientes; lleva ropa antigua, como de entre casa, y un gorrito tejido marrón que hace un par de meses no usaba)

sábado, 18 de junio de 2016

Breves apuntes urbanos

Diario de ciudad
Cotidianas (tres). 
Uno: El señor de barba y edad indescifrable que a veces duerme en el portal de la esquina está sentado, quieto; hace algo con las manos que no alcanzo a ver desde el interior del bar. Se levanta, cruza la calle y, en uno de los paneles que bloquean la vereda (hubo un derrumbe en un edificio), cuelga una guirnalda de papel. Comentario innecesario: no tiene nada e hizo una guirnalda para adornar el barrio, su casa. Un gesto poético. 
Dos: Salgo del bar, voy al súper que está enfrente de mi casa, me atiende la cajera habitual, reparo en su tatuaje habitual, el de la muñeca, el que dice con letras góticas: Rivotril. 
Tres: Entro al edificio, subo al ascensor con una vecina que lleva auriculares y explica: Es que no puedo salir sin escuchar a Lanata. Me divierte.
(Rosario, junio 2016)

miércoles, 15 de junio de 2016

sábado, 11 de junio de 2016

Frente al río



Boca, ojos y oídos de frente al río  (Beatriz Actis)



I

Estamos, los dos, de frente al río.

La forma de tu boca
es un simple horizonte:

  si sonríe, el sol se asoma

  si los labios se fruncen,
no hay luz ni arco iris tras la lluvia
y siempre es de noche



II

Mis ojos ven
un botecito en el río
que reverbera
en su juego
como viento en el agua,
como mago y galera.

La luz se refleja en el cauce marrón
por donde el botecito flota,
y oigo la música
de un pájaro
   (su canto,
   las notas de su canto)

Sonrío:
las luces y el agua,
la música isleña
y la resolana,
los motivos simples
para ser feliz
esta mañana.



III


El hombre pesca
al lado del río
bajo el techo frío
de este día de otoño.
Un niño pasa
junto a su padre.
Escucho lo que le pregunta:
Eh, señor.
¿No quiere una bufanda?