sábado, 7 de abril de 2012

Miles

Diario (tres)

Fue una buena noche de verano y no una mala noche de verano como las anteriores. Esto quería decir que antes del amanecer o bien entrada ya la madrugada, una brisa fresca reconfortaba los cuartos y podíamos dormir con las ventanas abiertas de par en par sin que nos enloquecieran los mosquitos ni las conversaciones de los vecinos insomnes en los balcones linderos. Nos habíamos mudado hacía poco, y lo primero que vi del edificio cuando el empleado de la inmobiliaria me lo mostró fue una de sus paredes exteriores en la que se reproducía una pintura de Gambartes. Algunos edificios de departamentos, en esta ciudad, ostentan réplicas a escala de pinturas argentinas famosas, en lo que se publicita como “un museo a cielo abierto” en “una urbe profundamente plástica”. Ahora un insomnio calmo me encuentra sentada en la cama, la espalda contra la pared, mientras tal vez Gambartes, del otro lado, espera que amanezca.

viernes, 6 de abril de 2012

Diario (dos)

Esta mañana alguien escribió en mi blog que había comprado en una librería de usados un viejo “Lobo estepario” y que adentro había un recorte mío de un diario (algún reportaje, la crítica de un libro, no sé bien) y entonces me googleó y me escribió para contármelo; esta tarde salí por el barrio desierto y encontré abandonado en una ventana un libro con una dedicatoria del año noventa y siete, cuyo autor es un amigo de Buenos Aires que no veo desde hace largo tiempo.
Quiero saber qué va a pasar esta noche.

Diario (uno)

Barre. Cada vez hay más señales de tránsito entre sus pertenencias escasas, que parecen salidas de un curso de educación vial (¿adónde las consigue?): cascos, banderines, conos anaranjados. Una de estas noches lo vi sacando fotos, parado y muy quieto; apuntaba durante largo tiempo, fogonazo tras fogonazo, hacia el mismo lugar, la vereda de enfrente, desierta. Otras veces escribe, sentado en la improvisada cama-mesa de la esquina de Sarmiento y Urquiza, en un cuaderno espiralado. Es joven. En el barrio -a alguna gente le asombra que para mí el centro sea "el barrio"- lo vemos todos los días: vive a la intemperie. No sé cómo se llama.

jueves, 5 de abril de 2012

Mi casa es una parte del universo

Alfredo Veiravé

Los que la vieron dicen que la tierra
es una esfera en el espacio, un planeta
más bien pequeño
del tamaño del dedo pulgar de los astronautas.
Yo no lo dudo porque he visto las fotografías
y porque ahora estoy a casi medio planeta de mi casa.
Lo mejor de todo esto es que en ese pulgar
también mi casa es una parte del universo.
Cómo no serlo si en el patio del fondo
hay un filodendro de gigantes hojas y también gusanos bajo
la tierra
aptos para la pesca, y ahora que me acuerdo
el olor de los helechos contra la pared
la cara de Delfina o Federico entre los árboles
y aquel canario que se nos voló de noche.

Un poema de Gustavo Roldán

Junto al tercer botón de la camisa

Sí, ya sé,
todavía
no llegó el otoño.
Están verdes las hojas
los pájaros siguen
... cantándole al verano
y revientan las flores
los yuchanes.
Todo eso es cierto.
Pero me toca una tristeza
aquí
del lado de la furia
junto al tercer botón de la camisa
contando de arriba para abajo.
Qué hacer entonces
sino hablar del otoño
cuando me toca ese dolor
aquí
del lado de la furia.

(En el libro BALADA DEL AULLADOR)

miércoles, 4 de abril de 2012

De Carlos Piccioni

La pensión de Angelita

De lentejas
y tardanzas,
la pensión de Angelita

aun en la brevedad
de los horarios,
por decirlo así
festejábamos la cuadratura de la mesa,
y renegábamos de la dictadura de Onganía,
de la basura
ancestral de las dictaduras.

Nos reunía también
algún poema de Aldo,
que, seguramente, se dispararía
en el tiempo,
el nuestro, el tiempo de todos,
de rubén, juan carlos, alfredo, alberto.

Como enharinados textos vallejianos
nos correspondía esa mesa, esa pensión,
ese énfasis.