Presentación de "¿Llueve todavía?"
Este libro de poesía, ilustrado por Lucía Seisas y publicado por la editorial rosarina Listocalisto, se presentará el jueves 24/6, a las 19, a través de un vivo de Instagram: @listocalistook - @viajerosextraviados
Gabriel Zuzek - Redacción Rosario / El Eslabón - Abril 2021
https://redaccionrosario.com/2021/04/08/una-orilla-en-el-horizonte/
Daniel Medina - La Gaceta - Abril 2021
https://www.lagaceta.com.ar/nota/887400/espectaculos/apuntes-sobre-nuevo-libro-cuentos-beatriz-actis.html
Andre Lípari - Mirador Provincial - Marzo 2021
https://www.miradorprovincial.com/?id_um=284767-itinerario-de-un-viaje-lector-variacion-sobre-la-costa-litoral-de-beatriz-actis-nudista-2021
Pulsaciones
Acerca de Variación sobre la costa litoral, de Beatriz Actis
Por Ricardo Barberis
El nuevo libro de esta prolífica autora ha sido recientemente publicado por la editorial
cordobesa Nudista en agradable factura y hermoso diseño de tapa. En él se
articula un conjunto de cuentos para adultos en donde cada relato es una confirmación
más de la talentosa escritura de Actis.
Las variaciones que anuncia el título del
libro no aparecen en el índice, pero alternan los relatos que lo integran: Viaje en el día, Cuento italiano, El poder
del círculo, Varados en el río, Cuento holandés, Folklore, En el andén. Esa
omisión no puede ser fortuita porque nada está librado a la casualidad en estos
siete cuentos con sus respectivas variaciones. Por allí se habilita una entrada
de lectura a este microuniverso literario: el diestro manejo entre lo narrado,
lo no dicho y el decir de lo silenciado. Cada relato cuenta una historia y para
cada una de ellas se nos presenta una variación. Cada historia es un recorte de
la vida de un personaje y cada variante, otro que, a su vez, es uno entre
múltiples posibles. Algo de lo mucho que podría haberse contado y no se dijo en
cada una de las historias, se narra en su respectiva versión.
Esa multiplicidad implícita amerita su
silenciamiento en el índice. Esa ausencia nos señala, una vez más, que en la
literatura lo que se escamotea es una apelación al lector y en este caso el
título lo indica. Estos elementos paratextuales son un anticipo de los cuantiosos
logros que este libro ofrece.
Cada una de las siete historias es
independiente de las demás y de su respectiva variación en la que se mantiene
el mismo personaje encargado de articular el pasaje entre ambas. Por otra
parte, hay al menos tres comunes denominadores entre los catorce relatos
totales que componen el libro: el viaje, el espacio circunscripto (la región
del litoral) y el tiempo. Por definición, todo viaje supone un desplazamiento
espacial y temporal.
Tiempo y espacio no son unidades estáticas.
Pueden prolongarse como en Viaje en el
día y en su variación. A su vez, en ambos la percepción del pasado que
experimenta la protagonista es completamente diferente en cada uno. En el
primero de ellos, por ejemplo, pasado y actualidad pueden confundirse y el
tiempo vivido amenaza con fagocitar su presente. Puede ocurrir que el tiempo,
como en la canción escuchada por el narrador en la variación
de Varados en el río, esté después.
El espacio puede ser una línea recta como una
ruta sin curvas que, al ser recorrida ida y vuelta una y otra vez, termina
convirtiéndose en un círculo del que la protagonista teme no poder escapar; por
algo el cuento se llama El poder del
círculo y no es casual que en su variación la narradora recuerde a Vito
Dumas, el navegante argentino que en 1942 dio la vuelta al mundo navegando en
solitario por las cercanías del paralelo 42.
Tal proeza sigue una imaginaria línea recta que, en suma, como en el
laberinto de Abenjacán el Bojarí de
Borges, es un vasto círculo.
El espacio también puede plegarse y posibilitar que una insólita Charlotte Rampling aparezca en una estación de Rosario Oeste creyendo que está en Bruselas ante los ojos del azorado narrador que la admira en la variación de En el andén. Estas dos piezas cierran de modo magistral el libro.
El viaje puede ser un regreso (o no) a la
tierra originaria leyendo a un escritor de esa región, como en Cuento italiano. El viaje reconstruye, une,
re-une o separa personajes, tiempos, lugares, mismidades y otredades. Por eso,
de cada protagonista tenemos una representación diferente en cada cuento con
respecto a su variación, como pasa en Folklore.
También puede ocurrir que el propio personaje tenga una percepción distinta
de un episodio o de un tiempo vivido y los seres con los que se vinculaba como acontece
en Viaje en un día y su variación. Por
ello mutan los registros, las voces, los narradores y sus vivencias. Por ello, donde
había seducción puede haber “un desprecio elegante, helado pero sutil”
(descripción insuperable); la amenaza
latente puede alternar con suaves roces de humor; un elemento banal devenir en decisivo, y la
lista podría continuar indefinidamente.
Por ello, la multiplicidad es la materia
que constituye estos relatos porque nada ni nadie es lineal; todo es múltiple y
diverso, cada realidad es una y muchas; cada una es, a su vez, una
representación que de ella hacemos; cada ser humano es varios, es uno, es otro,
es lo posible y lo que no fue.
Fiel al estilo de la autora, la escritura
fluye sin ripios ni descuidos y la lectura transcurre con placer y sin
pasividad. No hay estridencias ni monotonía, no hay excesos ni carencias, no
hay oportunismo temático ni jergas demagógicas. Hay pulsación (en el sentido musical del
término). Pulsación de la escritura capaz de resumir la historia de la
fundación de un pueblo con sus engaños, traiciones, acusaciones y litigios en
un breve párrafo de cuatro oraciones o delinear un personaje con solo dos
palabras (“Por desidia”) o deslizar un detalle que abre la proliferación de
interrogantes y sentidos de lectura.
Este año coordiné tres ediciones del Encuentro - Taller virtual LITERATURA EN LA ESCUELA, durante octubre y noviembre
En FEBRERO de 2021 volveré a realizar estos encuentros. Oportunamente, informaré la fecha de inicio en las redes.
Hemos realizado, en octubre, dos Encuentros de este taller.
El Fabuloso Kraken (o Aventura
en el Mar de la China)
Beatriz Actis
Viajé y viajé, durante muchas noches y a través de muchas rutas en el
agua, desde el Río Paraná hasta el Río de la Plata, y desde allí por el Mar
Argentino hasta el Océano Atlántico y hasta el Océano Índico, en una balsa
hecha con ramas atadas con broches de alambre y después navegué más lejos
todavía.
Cuando los alambres se estaban oxidando, llegué al Mar de China, que
tenía el aspecto de una enorme y salada sopa de arroz. La sopa —el agua— estaba
en calma; el cielo, claro.
Ahora bien, se estarán preguntando qué hago yo, una náufraga solitaria,
en el medio del Mar de la China, con mi balsa hecha con ramas de frutales,
broches de alambre y una sábana deshilachada a modo de vela, y con una
mandarina entre las manos.
Les voy a contar mi historia:
Estaba colgando la ropa en el patio de mi casa. Lo hacía de una manera
bastante desganada porque en realidad de las tareas del hogar lo único que
verdaderamente me ha gustado siempre es cocinar, por ejemplo, los
pescados de río: boga a la naranja, mandubí al limón o patí a la toronja.
Debo aclarar que mi casa está ubicada en las afueras del pueblo de Santa
Cítrica (declarado “Capital nacional de la mandarina”), a orillas del Río
Paraná, República Argentina. O, lo que es lo mismo decir desde esta lejanía: en
algún entrañable lugar de Sudamérica.
Y estaba tendiendo la ropa lo más tranquila y distraída, sumida en mis
ensoñaciones, cuando de repente lo que hasta ese momento había sido una leve
brisa se convirtió en un viento fuerte. Las sábanas que estaba colgando
empezaron a volar como aves, como nubes, hacia el lado del río.
Comencé a perseguirlas hasta que una de ellas voló sobre el agua, fue a
caer en un camalote que arrastraba la corriente y quedo extendida sobre él. El
camalote cubierto por la sábana parecía una mesa con un mantel tendido, lista
para que le sirvieran la comida.
Quedé hipnotizada: fue imaginarme la mesa, el mantel y la comida para
comportarme como ante un espejismo. No lo dudé: ¡Seguí a mi sábana!
Salté hacia el camalote y conseguí flotar apoyada en las ramas de unos
árboles (lo digo con orgullo: los mejores frutales de la patria). De allí, las
mandarinas que pude rescatar para mi viaje...
Fue cuando pensé: “Tengo que conseguir mucha madera, tengo que conseguir
de donde pueda”. Entonces me apoyé en el camalote y até como pude las ramas con
los broches de alambre que hasta hacía un momento me habían servido para colgar
la ropa y que todavía estaban en mis manos.
Todo, para construir mi balsa.
Y acá estoy... después de tanto viaje... sola
en medio del Mar de la China, comiéndome la última mandarina y sintiéndome
sobreviviente de un naufragio que nunca ocurrió.
En eso, veo a lo lejos algo parecido a una
gran roca en el medio del mar. Me acerco, la vela de mi balsa guiada por el
viento.
¡Es una isla! Ya voy a poder pisar otra vez
el suelo firme. Me siento una aventurera en tierras salvajes.
Logro alcanzar la orilla. La isla es muy
pequeña y parece dividida en dos. La recorro en poco tiempo. De un lado crecen
plantas tropicales, muy verdes, que me protegen con su sombra. Del otro, la
superficie es rugosa, como un desierto pantanoso.
Me siento a descansar. Estoy mirando el
horizonte cuando emerge del fondo, cerca de donde está amarrada la balsa, un
cuerpo imponente de marino:
—Soy un Sireno —dice, y
enciende una pipa.
Pienso: “El tabaco estará mojado”. Pero, de modo inexplicable, la pipa
se prende. Mientras echa humo, dice el Sireno:
—Ojo al piojo —y cada tanto
chapotea con su cola plateada de pescado.
—“Por el Río Paraná venía nadando
un piojo” —le digo yo, por decir algo. Parece que no me oye porque sigue
monologando:
—Tenga cuidado. Es que anda cerca
el Fabuloso Kraken —y se acerca más a la orilla
para que yo escuche la advertencia.
Pongo cara de no entender de qué me habla. Al parecer, le importa poco.
—¡Y tiene hambre! —sentencia con
voz muy alta, se acomoda la pipa entre los labios y vuelve a sumergirse tan
rápido que ni siquiera lo puedo saludar.
“El Fabuloso Kraken...”, repito intrigada.
Trato de hacer memoria. El nombre me resulta familiar, quizás de las historias
de barcos y travesías que leía desde chica: yo siempre había querido conocer el
mar.
Y de golpe recuerdo, con precisión y con alarma: “El Kraken es el calamar
gigante... La antigua leyenda de los mares... El monstruo devorador de
embarcaciones...”. Y eso no es todo.
Estoy parada en el lado desierto de la isla y el suelo empieza a moverse
como sacudido por un terremoto… o un maremoto. Pienso: “¡Eso me falta justo
ahora!”.
Corro desesperada hacia el lado de la isla poblado de vegetación y desde
allí veo cómo la parte desierta de la
isla empieza separarse del lado
tropical, como con vida propia… ¡Y de pronto se asoman una gran aleta, un
cuerpo alargado, unas piernas espantosas como tentáculos!
Comprendo enseguida el motivo del extraño fenómeno: “¡El desierto
pantanoso no era una parte de la isla, era el Calamar Gigante en reposo!”.
Pego un grito en el mismo momento en que el Fabuloso Kraken tapa el
cielo. Y se ve —como me había advertido el Sireno— que el monstruo tiene
hambre, porque se para con toda su majestuosidad enfrente de la islita
tropical, me mira fijo y empieza a abrir la bocaza.
Paralizada, observo en sus ojos mitológicos: unas pestañas arqueadas,
unas ojeras retocadas, un aro en un costado, una hebillita con forma de delfín.
Abre del todo la boca y dice:
— ¡Uy, me quedé dormida!
Y bosteza, desperezándose con los tentáculos. Tomo confianza y le
pregunto, señalando el lugar adonde estoy parada:
— ¿Esta isla es de verdad o también es alguien dormido?
Se ríe y me dice que es isla de verdad. Después me cuenta:
—
Ahora me voy a hacer un poco de
ejercicio: 250 kilómetros crawl, 300 espalda y 450 mariposa. Todos los días me
voy nadando hasta la India y vuelvo.
Y agrega:
— Pero antes podríamos tomarnos
un té de algas.
Mientras con sus tentáculos sirve unas tacitas de porcelana que dicen
“Titanic” (no me atrevo a preguntar), me cuenta que almorzó medio cardumen y
una fuente de plancton.
Al final no se va a nadar y nos quedamos conversando hasta la madrugada
sobre muchos temas que la soledad del entorno natural hace brotar de nuestros
labios. Ola va, ola viene, nos hacemos amigas.
Duermo en la isla, bajo una palmera, y a la mañana la Kraken me
despierta Me trae para el desayuno
anémonas del fondo, camarones, langostinos, pejerreyes y otros alimentos marítimos.
De a poco voy agarrándole la mano a la cocina de mar: pasa un barco de
bandera italiana, le ofrezco mejillones a la napolitana; pasaba un barco con
bandera española, le hago una cazuela de mariscos, y así con toda la
Organización de las Naciones Unidas.
Ahora me especializo en comida oriental,
correspondiente a mi zona catastral, porque ya tengo el domicilio registrado en
el Mar de China.
Estoy contenta y, aunque extraño mi casa
junto al Río Paraná, República Argentina, aquí puedo disfrutar de este
proyecto: inauguramos el Primer Restaurante Chino-Americano “Isla Flotante”, en
homenaje a aquel camalote que una vez imaginé como una mesa servida.
En el cartel de la entrada, la Fabulosa Kraken escribió con su propia
tinta: “Especialidad de la casa: cocina gourmet”. Y en el menú puede leerse:
“Pruebe nuestros exclusivos platos para cada día del año: trescientas sesenta y
cinco recetas sin calamares”.
Ya lo saben. Si quieren hacernos un pedido, escriban simplemente a:
“marinarios@punto.com”.
Y si viven en Sudamérica, por favor, mándenme un poco de fruta de
estación, preferentemente del pueblo de Santa Cítrica. El aire de mar despierta
el apetito, pero no borra la nostalgia.