Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

lunes, 31 de octubre de 2016

Chimangos en la cabeza

Chimangos en la cabeza
 Beatriz Actis

La anciana ríe: En la vida, 
en lo único que no se puede volver atrás
es en el parto.
Un segundo fatal de vacilación,
y a duras penas.
La anciana tiembla: El que sueña que se muere, 
se muere. 
*
La mujer dice: Sacar las rosas perfumadas, 
las flores de los rosales que traje
hace veinte años desde el sur, 
de Río Negro, 
sacar las rosas de la habitación
porque su olor 
como el de los jazmines 
me da temores
me da
dolores de cabeza 
y sobre todo
cuando una está tan sola.
Sí, como pedía mi abuela, dice. 
—tenés que confiar en lo que decido—
Hay que sacar las flores
por las noches de la habitación.
Mi abuela,
la que dos por tres
amanecía con los chimangos
en la cabeza.

viernes, 21 de octubre de 2016

Poema sobre gato



Suena la trompeta.

El gato se esconde
debajo
de la colcha
debajo
de la manta
debajo de la sábana
de la cama
del último cuarto
de la casa.


lunes, 17 de octubre de 2016

Rara historia de una enredadera

Rara historia de una enredadera 

(Beatriz Actis, publicado en LA OVEJA IMAGINARIA, Editorial Abran Cancha)


Todo comenzó en el patio.
    Primero se asomó una hoja verde y chiquita con forma de corazón.
    Venía del lado de los vecinos y llegó hasta lo alto de la pared que separa las dos casas.
    Después empezó a crecer de nuestro lado.
    ¡Ah! –dijo papá.- Es una “enamorada del muro”.
Mamá aclaró:
    “Ficus Pumila” es buena trepadora y originaria de Oriente.
 Mamá conoce los nombres difíciles de las plantas. Papá, en cambio, las llama de un modo más simple. Pero los dos se ponen contentos cuando ven, por ejemplo, que la vegetación de las plazas se vuelve frondosa.
  Sin embargo, eso en nuestro patio se convirtió en un problema…
 ¡La enredadera no paraba de crecer!
  El primer día trepó por la soga de tender la ropa.
  El segundo, entró a la casa por la ventana.
  El tercer día, se enroscó en las lámparas y, como una viborita, paseó por las habitaciones.
  Papá les preguntó a los vecinos si con ellos la planta se comportaba igual, tan confianzuda. Pero no. Parece que le gustaba nuestra casa y aquí se quería quedar a vivir.
  Intentamos recortarle las ramas, atarlas con piolines, que el gato comiera algunos brotes…
   Nada dio resultado.
   Al cabo de una semana, la enredadera miraba la tele con nosotros, pegada al sillón.
  También compartía el desayuno porque le encantaba que la regasen con café con leche.
  Y dormía en nuestras camas (menos mal que no era un cactus).
  Así fue que nos reunimos papá, mamá, el gato y yo, y decidimos qué hacer.
  Ahora, la enredadera ya no es ni “enamorada del muro” ni “Ficus Pumila”. ¡Es un miembro más de la familia!
  Se llama Lucrecia y lleva mi apellido. Nos da sombra aunque estemos bajo techo y vuelve verdes nuestros dormitorios.







jueves, 6 de octubre de 2016

Alicia a través del espejo

La ilustración de tapa de Diego Moscato para mi versión de ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJ0 (Editorial Estrada - Colección Azulejos)


martes, 4 de octubre de 2016

Last tango

Estuve a punto de saludar en la calle a una mujer mayor cuya cara me resultó conocida. Después me di cuenta de que era igual a una actriz de Last tango in Halifax. 
Tras ese segundo de vacilación, ¿no se me habrá ocurrido pensar que ella no podía verme del otro lado del televisor (lo contrario de una fantasía de la infancia) y que por eso a los ingleses de Film and arts nuestras caras no les resultan familiares?
Y que otra vez aparecía, mitológico, el tema del doble.