Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

domingo, 31 de marzo de 2013

Peri Rossi

La pasión, de Cristina Peri Rossi

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.


(En: "Babel bárbara")

viernes, 29 de marzo de 2013

Crítica a "LISBOA"

Por Diego Colomba
(Publicado en diario digital Redacción Rosario)


"Lisboa" (Cuentos), de Beatriz Actis - Editorial Municipal de Rosario

Ganadora del primer premio en el Concurso Literario “Ciudad de Rosario” con "Lisboa", Beatriz Actis enhebra con solidez narrativa vidas de hombres y mujeres que comparten un mismo desarraigo existencial.
Una pareja de amigos comen y conversan, un hombre duerme asistido por un aparato que le permite volver a soñar, compañeros de una pensión dialogan sobre su pasado, convocado también por los recuerdos de dos bailarines alejados en el tiempo y en el espacio. Éstas son algunas de las situaciones que en contrapunto recrea "Lisboa" y que en apariencia poco tienen en común. Uno de los méritos de Actis es convertirlas en variaciones de una misma condición: la de quien siente la ajenidad de su vida, su íntima extrañeza en el mundo.
Casi todos los personajes rememoran el pasado, viven el desamparo de su presente, la proximidad de la soledad y la enfermedad, añoran la juventud y la pasión perdidas. Las recurrentes referencias literarias son siempre bien asimiladas por las tramas, y los estallidos de erotismo y percepción de la naturaleza cambian con felicidad los diversos registros y puntos de vista de los cuentos que integran el libro.
En una suerte de mapa del desarraigo, "Lisboa" conecta Europa con América y el interior de nuestro país. Sin explicitarlo nunca, se vuelve una poderosa indagación sobre el imaginario identitario de quienes habitan una zona, la pampeana, también una historia de sus migrantes, y por qué no, la arqueología de su extranjeridad esencial.


Montale. FURIBUNDA ES LA LUCHA...



EUGENIO MONTALE

LA VIDA EN PROSA

La cuestión es que la vida no se explica
ni con la biología
ni con la teología.
La vida es muy larga
incluso cuando es corta
como la de la mariposa.
La vida es siempre pródiga

incluso cuando la tierra no produce nada.
Furibunda es la lucha que se hace
para volverla inútil e imposible.
(...)


miércoles, 27 de marzo de 2013

Sobre "La otra orilla"

Sobre el cuento "La otra orilla" publicado en el libro "Viajeros extraviados", de Beatriz Actis (Editorial Bajo la luna):

"(...) Nacida en 1961 en Sunchales, radicada primero en Santa Fe y luego en Rosario, Beatriz Actis pertenece a la segunda generación de académicos que reivindicaron la figura de Juanele. El río atraviesa de lleno el mundo que ella describe en el libro de donde fue extraído este cuento ("Viajeros extraviados"). El río, en Actis, es un límite que dibuja otros límites: entre clases, o entre la sociedad y sus marginados a los que la sociedad misma hipócritamente idealiza. Desde un afecto que salta todas esas fronteras, Actis narra con pudor y mesura un drama provinciano de exclusión: nadie sabe si el gran poeta está vivo o muerto y a nadie le importa.(...)"

(Fragmento de la reseña de Beatriz Vignoli en "Rosario 12" a propósito de la antología "El río en catorce cuentos", Fundación Ross)


)

domingo, 24 de marzo de 2013

Desde Cracovia


Wislawa Szymborska

Amor a primera vista



Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún “lo siento”
o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

(De “Fin y principio")






sábado, 23 de marzo de 2013

Dos poemas


Dos poemas de Elena Anníbali


Ahora que terminó el verano, aquí no queda nadie

  
los galgos finísimos, los sabuesos de mandíbulas poderosas,

un dálmata pequeño y angustiado

quedaron sin dueño aparente


 recorren las avenidas en grupos, entran

a los parques solitarios

a beber el agua pesada y mustia de las piletas de natación

a pesar que el río es ancho y dulce, y está cerca

de todos

  
hubo una época portentosa de lluvias:

el agua desbordaba el cauce, y dejaba, en los márgenes,

pejerreyes plateados, dos o tres madrecitas

y las mojarras, del color del cieno

que brillaban con el sol generoso

emanando ese olor a muerte


todo está vacío, ahora, lleno

del aire, de la sombra del aire

que roza las columnas de las galerías,

el vidrio atónito de los gimnasios de las casas de veraneo

los rosales podados



cuando es de noche, siempre, se encienden

las lámparas solares

y pensamos en la tierna dicha de las mariposas nocturnas

volando en torno a la luz

celebrando a su pequeña, artificiosa

divinidad




LA SOSPECHA 



hace un tiempo aquí hubo caballos,
los mensuales cruzaban, por la ruta,
cargando la carne dorada
de las perdices,
las adolescentes escribíamos, con trozos de velas,
mensajes pornográficos en los vidrios de la gruta
de santa rosa de lima

ahora manejo por la 36 y sólo se escucha
el frufrú de la soja
los aviones cargados de roundoup
que se desplazan con un sonido antiguo de dirigible
emanando una neblina tornasol que arrastra
el mismo viento que silba en las taperas

no sé si esto sea el estrago
la podredumbre

sé que cuando miro, algo sospechoso y sombrío
ingresa a la zona de mis huesos
como la verde mosca
que corrompe la pulpa de los potros

(del libro "Tabaco Mariposa")

lunes, 18 de marzo de 2013

Infancia: dos poemas



De María Teresa Andruetto

Hamaca

Estoy en cama
                (la enfermera 
                se llama Erminda)
Por la ventana que da al patio, 
mi hermana pasa a bordo de una hamaca.
Pasan también las moras, el verano, 
las chicharras
. Ha de ser octubre,
como esta tarde, o tal vez noviembre,
y el calor agobia, porque mi padre
que llega del trabajo, se ha soltado,
cosa extraña, la corbata. Yo estoy
en cama. Y Ana que pasa alegre,
viva, a bordo de la hamaca. 
Habrá sido de vidrio el aire, 
como esta tarde.


Peras

Había una rosca cubierta 
de azúcar, una mesa con el hule 
verde y una frutera de vidrio 
(por la loneta de las cortinas, el sol 
sacaba tornasolados color de ajenjo), 
y había peras. Recuerdo los cabos rotos 
y el punto negro que, en una de ellas, 
hace el gusano. Sé que las dos teníamos 
el pelo corto y unos vestidos 
almidonados.
Después algo (quizás el viento) 
sonó allá afuera
y mi madre dijo 
que acababan de pa
sar 
Los Reyes.



En la infancia todo



Poema de Arkadiy Kutílov

En la infancia todo, hasta lo más insignificante,
está lleno de sentido:
la luz blanca, la oscuridad de las noches,
el ala, el remo y el columpio…

Y las escamas de los peces manchados,
el pollito, el halcón muerto,
el grito de la lechuza, el abejorro,
el prado después de cortar el pasto.

Como una molécula de vino en la sangre,
como un poema en el cerebro sensible,
como la luna en la noche de julio,
el punto de vista entra en el conocimiento.

Oliverio



A Mí - Oliverio Girondo

Los más oscuros estremecimientos a mí
entre las extremidades de la noche
los abandonos que crepitan
cuanto vino a mí acompañado
por los espejismos del deseo
lo enteramente terso en la penumbra
las crecidas menores ya con luna
aunque el ensueño ulule entre mandíbulas transitorias
las teclas que nos tocan hasta el hueso del grito
los caminos perdidos que se encuentran
bajo el follaje del llanto de la tierra
la esperanza que espera los trámites del trance
por mucho que se apoye en las coyunturas de lo fortuito
a mí a mí la plena íntegra bella a mí hórrida vida


viernes, 15 de marzo de 2013

Juanele


Sobre los juncos y los lagos, sobre los arroyos y las colinas y los sauces,
su errante corazón es una niebla ligeramente ebria.
Los amantes y los poetas sienten en esa niebla que todo sube hasta el canto,
que el canto viene de muy lejos, de muy lejos, y no muere.

jueves, 14 de marzo de 2013

Poema de C.K.Williams



Un año, verano otra vez, 
calor, la ventana abierta 
el patio en el que
durante una buena media hora
un oboe ha estado
practicando escalas. Por encima de
una maraña de voces,
de un estruendo de cacerolas, del taladro
de un fontanero cada vez
más excitado,
va y viene,
testarudo, paciente,
e implacable,
su tiempo nunca
vacila, siempre
resueltamente concentrado
en la escala hacia arriba,
la escala hacia abajo,
avanza como el mundo
avanza, y la belleza,
y la pasión que provoca.
En gran parte conocerte
fue entender esto, entender
que nuestra redención,
si existe algo así,
reside en la certeza
de que siempre en algún lugar
un pintor mezcla
sus colores, un poeta recita
y un simple oboe
repite disciplinadamente
su lección, una y
otra vez, escalando
y descendiendo con calma
la escalera que el mismo
despliega.